Dicen que hay tres cosas que nunca vuelven, la palabra dicha, la flecha lanzada y la oportunidad perdida. En la vida, estas se lanzan, se dicen y se pierden en nombre de la toma de decisiones, del resultado de los cálculos, de la toma de riesgos y otras, por omisión. Sea cual sea la motivación, solo el tiempo determina si se tomó la decisión correcta; y el nivel de madurez el aceptar las consecuencias.
En lo poco o mucho que ha durado el 2026, la agenda pública se ha centrado en la Reforma Electoral propuesta por Morena. Se ha tratado de la comisión, de la elaboración, de la segunda vuelta de redacción, de los intentos por aprobarla y de su rechazo. Uno pensaría que, más allá de los temas políticos “importantes” como el presupuesto, la democracia o la competitividad, hay detalles que se tomarían en cuenta; un piso mínimo de criterios, una lista de no negociables, como al decidir la palabra, la flecha o la oportunidad. Pero esta semana, quedó en duda.
Como se menciona al principio, a veces por decisión y otras por omisión, pero al final hablan los hechos y en la segunda entrega de la Reforma Electoral se hizo a un lado la paridad de género. Cosa que puede ser modificada de acuerdo con el gobierno en el poder, con una fe de erratas y una conferencia matutina planchada. Pero la palabra, la flecha y la oportunidad quedaron en la historia, en el mes de la mujer, por parte del gobierno donde llegamos todas.
Supongamos que es cierto, que fue una simple omisión, que es solo un error más de los muchos de estilo que se han cometido en la urgencia de este gobierno por arreglar problemas al vapor. Pero detrás de este error hay muchas cosas, empezando por un reflejo de las prioridades del gobierno donde los derechos humanos, las luchas históricas y la justicia, no están a la cabeza.
Detrás de la omisión está un país con feminicidios, violencia doméstica, acoso callejero, niñas embarazadas, violencia económica, brecha salarial y solo una mujer como coordinadora de un partido en el Congreso. Está un país de mujeres que han luchado contra mil obstáculos para verse reflejadas en la ley como primer paso hacía figurar en la toma de decisiones, y cuya lucha, por una omisión, fue no solo minimizada sino nulificada.
De acuerdo con las declaraciones de la primera mujer presidenta, el error se admite como tal y será corregido en el Senado. Y aunque es cierto que así será y el detalle “no pasará a mayores” si deberíamos de hacerlo trascender. Por un lado, por el respeto a quienes han luchado y a quienes se les ha arrebatado la voz. Y por otro lado, porque el error se da por parte del equipo de la primera mujer presidenta.
Es cierto que cuando las mujeres están en una posición de poder se les exige más que al resto y con esta columna no pretendo caer en ello, sino expresar que, si no se puede confiar en eso, entonces hay un profundo sentido de desesperanza. Un gobierno no arregla todo en seis años, no todo está en manos del ejecutivo y hay muchos más intereses de los que parece detrás de una persona en la presidencia, pero entonces ¿qué nos queda?
Sería muy inocente pensar que Claudia Sheinbaum va a resolver los feminicidios en seis años de gestión o va a cerrar en México la brecha que existe a nivel mundial ¿pero no poder confiar en que se respeten los logros paritarios en la simple redacción de un documento? Me parece francamente una omisión, error o decisión que dejó en evidencia muchas cosas y le dio respuesta a muchas otras. Como por ejemplo, el porqué hay un Diputado como Cuauhtemoc Blanco que, a pesar de ser señalado por su hermana como violentador, fue rescatada del desafuero por las mujeres de su propio partido.
En fin, el gobierno más feminista de todos, otra vez nos dejó fuera a todas.




