La inflación volvió a tomar fuerza en la primera quincena de marzo de 2026 y se colocó en 4.63% anual, con una presión cada vez más visible desde los alimentos y los componentes no subyacentes. En términos quincenales, el Índice Nacional de Precios al Consumidor aumentó 0.62%, una variación claramente superior a la de la misma quincena de 2025, cuando había sido de 0.14%.
El dato muestra un repunte relevante en el arranque de la segunda mitad del primer trimestre. La inflación general no solo avanzó frente al año pasado, también lo hizo con una composición que vuelve más incómodo el panorama: los productos más volátiles, sobre todo agropecuarios, están empujando con fuerza el índice general, mientras la inflación subyacente sigue elevada y no cede lo suficiente como para compensar ese choque.
INEGI reportó que el componente subyacente subió 0.22% quincenal y 4.46% anual, mientras el no subyacente aumentó 1.96% quincenal y 5.18% anual. Dentro del subyacente, las mercancías crecieron 0.20% y los servicios 0.25% en la quincena. En el no subyacente, los agropecuarios avanzaron 3.83%, con un salto de 8.34% en frutas y verduras, mientras los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno aumentaron 0.48%.
Las cifras centrales de la quincena fueron estas:
- Inflación general quincenal: 0.62%
- Inflación general anual: 4.63%
- Inflación subyacente anual: 4.46%
- Inflación no subyacente anual: 5.18%
- Frutas y verduras: 8.34% quincenal, 23.91% anual
- Agropecuarios: 3.83% quincenal, 9.69% anual
La presión principal vino de productos específicos con alta incidencia. El jitomate subió 32.17% en la quincena y aportó por sí solo 0.223 puntos a la inflación general. Le siguieron pollo con 3.18%, transporte aéreo con 21.86%, electricidad con 2.17%, tomate verde con 10.79%, papa con 7.77%, calabacita con 16.78% y limón con 13.11%. Del lado de las bajas, destacaron los paquetes de internet, telefonía y televisión de paga con -3.47%, el huevo con -1.33% y el servicio de internet con -1.29%. Aun así, esas disminuciones no alcanzaron para neutralizar el empuje de los alimentos frescos.
Eso deja una lectura económica clara. La inflación se está acelerando por rubros que golpean directamente el gasto cotidiano de los hogares. Cuando el mayor impulso viene de jitomate, pollo, verduras y otros productos de consumo frecuente, la presión inflacionaria se vuelve más visible para el consumidor promedio, incluso si algunos servicios de telecomunicaciones bajan de precio. Esto implica un deterioro más palpable en el costo de vida, sobre todo para familias con menor margen de ajuste en su gasto.
También conviene mirar la inflación por finalidades de consumo. Alimentos y bebidas no alcohólicas subieron 1.85% quincenal y 7.42% anual. Bebidas alcohólicas, tabaco y estupefacientes crecieron 7.96% anual; salud, 5.32%; restaurantes y servicios de alojamiento, 7.21%; y cuidado personal, protección social y bienes diversos, 5.47%. En contraste, información y comunicación cayó 1.05% quincenal y 0.92% anual. El mensaje de fondo es que la presión de precios sigue concentrada en rubros esenciales y de consumo frecuente, no en categorías secundarias.
La canasta de consumo mínimo también confirma esa incomodidad. En la primera quincena de marzo subió 0.69% quincenal y 4.61% anual, por encima de los registros del mismo periodo de 2025, cuando había avanzado 0.07% y 3.50%. Esto implica que el encarecimiento no solo afecta al índice general, sino también al conjunto de bienes y servicios más básicos para los hogares.
En el plano regional, las mayores variaciones quincenales se observaron en Estado de México (1.02%), Puebla (0.96%), Tlaxcala (0.93%), Michoacán (0.87%) y Colima (0.87%). Entre las ciudades destacaron Izúcar de Matamoros (1.41%), Toluca (1.04%) y Tuxtla Gutiérrez (1.02%). Del lado opuesto, los menores incrementos se registraron en Baja California Sur (0.17%), Chihuahua (0.31%) y Campeche (0.32%). Esa dispersión muestra que el repunte inflacionario no fue uniforme, pero sí suficientemente amplio como para empujar al alza el dato nacional.
El balance de la quincena deja una señal incómoda: la inflación repuntó y lo hizo con una mezcla difícil, porque el componente subyacente sigue alto y el no subyacente volvió a acelerarse con fuerza. Para hogares, eso implica más presión sobre alimentos y gasto cotidiano. Para la política económica, significa que marzo arrancó con un dato menos benigno de lo que sugerían algunos componentes previos. La inflación no solo sigue lejos de un nivel cómodo; también muestra que los choques en productos básicos siguen teniendo capacidad de arrastrar al índice general.



