La competitividad regional en México muestra una fractura cada vez más visible entre el norte y el sur del país. La primera edición del Índice de Competitividad Regional 2026 coloca al Noreste como la región mejor posicionada, mientras el Istmo y la Maya arrastran rezagos estructurales en infraestructura, seguridad, energía y mercado laboral. El resultado general deja una señal clara: la competitividad ya no puede leerse solo por estado, porque el desempeño de una entidad influye en sus vecinas y puede potenciar o frenar a toda una región.
El IMCO evaluó seis regiones del país con base en 40 variables agrupadas en cuatro subíndices relacionados con atracción y retención de inversión y talento. El diagnóstico identifica cuatro frenos principales: alta informalidad laboral, caída en la inversión extranjera directa, inseguridad y desigualdad salarial. Estos factores no solo limitan la llegada de capital, también reducen la capacidad de las regiones para conservar talento, elevar productividad y sostener crecimiento de largo plazo.
La lectura general del índice confirma que la región Noreste ocupa la primera posición y encabeza tres pilares de competitividad regional, lo que la convierte en la zona más atractiva para instalación, operación y expansión de empresas. En esa región, infraestructura, mercado laboral, certidumbre operativa y productividad generan un entorno más integrado. Del otro lado, el sur sigue rezagado. En las regiones del Istmo y Maya, las brechas en infraestructura logística y energética, seguridad y mercado laboral reducen la capacidad de captar inversión y aprovechar encadenamientos productivos.
Los principales datos regionales del estudio son estos:
- El Noroeste y el Noreste registran las mejores tasas de percepción de seguridad: 31.9% y 32.0% de la población mayor de 18 años.
- El gasto empresarial en seguridad alcanza 63,467.75 pesos en el Noroeste y 61,903.28 pesos en el Noreste.
- El Noroeste tiene la tasa más alta de homicidios: 33.74 por cada 100 mil habitantes.
- La región Centro alcanza una cobertura escolar de 98.42% y una mano de obra calificada de 30.68%.
- El Bajío registra 3.74 solicitudes de patente por cada 100 mil personas económicamente activas.
- En el Istmo, la informalidad llega a 73.08% y en la región Maya a 63.81%.

Uno de los hallazgos más relevantes es la paradoja del norte. El Noroeste y el Noreste aparecen como regiones con mejores condiciones de percepción de seguridad y con el mayor gasto empresarial para proteger operaciones, pero esa relativa ventaja convive con altos costos. En particular, el Noroeste combina buena percepción con la mayor tasa de homicidios del país, lo que convierte a la inseguridad en un costo estructural para la frontera interna. Esto implica que incluso las regiones más competitivas siguen operando sin condiciones óptimas para retener inversión de manera estable.
El Centro ofrece otra señal importante. La región destaca por su capacidad para atraer talento gracias a mejores niveles de escolaridad y mano de obra calificada, pero enfrenta límites para retenerlo. La tasa de reemplazo de vivienda es de apenas 0.18%, solo por encima del Istmo, y aunque el crecimiento de precios de la vivienda desde 2017 es menor que en otras zonas, con 64%, sigue siendo suficientemente alto como para restringir la absorción de nueva población. En otras palabras, el Centro forma talento, pero encuentra dificultades para alojarlo y conservarlo.
El Bajío, por su parte, mantiene una base fuerte de innovación. Su nivel de solicitudes de patente refleja capacidad tecnológica y productiva, pero esa fortaleza parece concentrarse en una fracción limitada de la población. La región reporta un nivel de mano de obra calificada de 22.22% de la población mayor de 15 años, lo que sugiere una brecha entre innovación empresarial y disponibilidad extendida de capital humano avanzado. Eso reduce el alcance del dinamismo innovador sobre el conjunto regional.
La situación más delicada sigue en el sur. El Istmo y la Maya muestran bajos niveles de exportaciones, con 16.58% y 18.23%, respectivamente, poca inversión extranjera directa, con 7.87% y 10.32%, y tasas muy elevadas de informalidad. Aunque ambas regiones cuentan con recursos naturales, salida al mar y fuerza laboral, la falta de infraestructura energética y logística, así como la escasez de empresas líderes y talento calificado, las mantiene atrapadas en un círculo de baja productividad y salarios reducidos. Esa combinación impide que capitalicen plenamente las oportunidades que hoy se concentran en el norte del país.
El mensaje de fondo es que competir como región multiplica resultados. Una entidad aislada puede mejorar indicadores propios, pero si sus vecinas arrastran problemas graves de seguridad, informalidad o infraestructura, el efecto de vecindad termina limitando el avance conjunto. Esto implica que la competitividad regional depende tanto de decisiones estatales como de la capacidad de coordinar agendas de inversión, formación de talento, logística, energía, agua y mercado laboral.
Para empresas, el estudio sugiere que la escala regional puede reducir riesgos operativos, volver más predecibles los tiempos de entrega y mejorar la eficiencia del capital. Para gobiernos estatales, la conclusión es más directa: competir de manera aislada ya no alcanza. La cooperación entre estados puede elevar el impacto del gasto público y reducir la dependencia de apoyos federales. Para el gobierno federal, el reto está en orientar programas e incentivos hacia corredores que conecten estados líderes con entidades rezagadas y vincular los apoyos al empleo formal y a encadenamientos productivos.
La fotografía regional de 2026 deja así una conclusión incómoda: México no enfrenta un solo problema de competitividad, sino varios, distribuidos de forma desigual. El norte conserva ventaja relativa, pero paga altos costos por inseguridad. El centro atrae talento, pero no siempre logra retenerlo. El Bajío innova, aunque con bases sociales limitadas. El sur sigue frenado por rezagos estructurales. La brecha regional no solo persiste; también condiciona la capacidad del país para atraer inversión y sostener desarrollo con mayor equilibrio territorial.



