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Banxico ante la encrucijada: tasas, inflación y la sombra de Ormuz

La Junta de Gobierno del Banco de México anuncia hoy su decisión de política monetaria en el momento más complejo del año

A mediodía de este jueves, el Banco de México dará a conocer su decisión sobre la tasa de interés de referencia, en la que la atención no se limitará al número en sí mismo, sino a algo igualmente relevante: la actualización de sus pronósticos de inflación general y subyacente para los próximos ocho trimestres. El anuncio llega en un momento de profunda incertidumbre global que obliga a la Junta de Gobierno a navegar entre presiones contradictorias.

El punto de partida: una pausa que no convenció a todos

En su decisión más reciente, celebrada el 5 de febrero, la Junta de Gobierno votó por unanimidad para mantener el objetivo de la tasa de interés en 7%, cumpliendo así con la expectativa del mercado. Aquella pausa, sin embargo, no estuvo exenta de tensiones internas. A lo largo de 2025, el subgobernador Jonathan Heath había votado en contra de los recortes a la tasa, considerando que aún no estaban dadas las condiciones para relajar la política monetaria.

Su preocupación tiene fundamento en los datos: la inflación subyacente, que refleja la tendencia de largo plazo de los precios al excluir los componentes más volátiles como energéticos y agropecuarios, se ubicó en 4.5% anual en febrero, muy por encima de la meta de 3% que el banco central tiene como mandato prioritario. Los propios pronósticos del banco central apuntan a que la inflación general converja a la meta hasta el segundo trimestre de 2027, un ajuste que resulta principalmente de una trayectoria anticipada más elevada para la inflación subyacente.

El escenario que cambió todo: la guerra en Irán

El contexto de la decisión de hoy es radicalmente distinto al que existía cuando Banxico publicó su Informe Trimestral el 26 de febrero. El conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán, que estalló el 28 de febrero, trastocó los mercados energéticos globales de manera inmediata y profunda.

Los precios del petróleo Brent superaron los 100 dólares por barril el 8 de marzo de 2026 por primera vez en cuatro años, llegando a alcanzar hasta 126 dólares por barril en su punto máximo. La causa directa es el cierre del estrecho de Ormuz, la arteria más crítica del comercio energético mundial. El tráfico a través del estrecho ha caído un 97% respecto a los niveles previos a la guerra, con el estrecho prácticamente paralizado por el conflicto.

Las implicaciones son enormes. El estrecho también transporta aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado, y los analistas energéticos han advertido que es probable que los precios del petróleo y el gas natural se mantengan elevados hasta que el estrecho sea transitable. Para agravar el panorama, una evaluación interna de la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos determinó que Irán podría mantener el paso cerrado entre uno y seis meses.

¿Recortar o pausar? El dilema sobre la mesa

La disrupción energética complica cualquier lectura sencilla del momento. Por un lado, hay voces que argumentan que México tiene condiciones para continuar el ciclo de recortes. Analistas como Gabriel Casillas señalan que la tasa de referencia aún se encuentra en la parte media del intervalo de neutralidad, las expectativas de inflación se mantienen bien ancladas, y el tipo de cambio ha mostrado un comportamiento relativamente ordenado a pesar de los choques globales. Además, el gobierno federal ha estado absorbiendo el incremento en el precio de las gasolinas, lo que amortigua el traslado directo a los consumidores.

Por otro lado, hay quienes advierten que la cautela debe prevalecer. Una columna publicada en El Economista el 23 de marzo argumenta que la operación militar —conocida como «Furia Épica»— ha roto cadenas productivas, generando inflación de costos, y que los bancos centrales mundiales reconocen la dificultad de combatir este tipo de inflación.

La Reserva Federal ya marcó el tono: mantuvo su tasa sin cambios por segundo anuncio consecutivo, en un rango de 3.50 a 3.75%, señalando que los efectos del conflicto en Medio Oriente sobre la economía son inciertos. Los analistas estiman que a lo largo de 2026 habrá únicamente dos recortes de un cuarto de punto cada uno, y que la tasa terminal del ciclo será de 6.50%.

Qué mirar a la 1 de la tarde

Más allá del número de la tasa, los mercados estarán atentos a tres señales: primero, si la decisión es unánime o hay disidencias que revelen fracturas en la Junta de Gobierno; segundo, cómo Banxico actualiza sus pronósticos de inflación ante el choque energético —si los sube significativamente, el margen para recortar se estrecha de forma importante—; y tercero, el tono del comunicado respecto a decisiones futuras.

El mandato del Banco de México es claro y no ha cambiado: preservar el poder adquisitivo del peso mediante el control de la inflación. Hoy, a mediodía, sabremos si ese mandato pesa más que el impulso de continuar abaratando el crédito en una economía que crece por debajo de su potencial.

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