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China amenaza represalias por aranceles de México

China amenazó con represalias por los aranceles aplicados por México a sus productos, mientras el gobierno mexicano defendió la medida como un ajuste al comercio desigual.

La disputa comercial entre México y China escaló este miércoles después de que el gobierno chino advirtiera sobre posibles represalias por el aumento de aranceles y otras medidas aplicadas por México a importaciones provenientes de países con los que no tiene acuerdos comerciales. El diferendo ya no se limita a una discusión técnica sobre tarifas: ahora combina presiones sobre comercio, inversión, aduanas y cadenas de suministro, en un momento en que México también negocia con Estados Unidos en medio de un entorno internacional más proteccionista.

El conflicto parte de la decisión mexicana de elevar, desde el 1 de enero de 2026, aranceles de entre 5% y 50% a 1,463 clasificaciones de productos. De acuerdo con la evaluación presentada por el Ministerio de Comercio chino, esas medidas afectan exportaciones chinas por más de 30 mil millones de dólares. Además, China estimó pérdidas por 9 mil 400 millones de dólares para sus sectores mecánico y eléctrico.

La respuesta de Beijing no se concentró solo en los aranceles. También incluyó un señalamiento más amplio sobre obstáculos a la operación de empresas chinas en México. En esa lectura, el problema abarca no solo el costo de entrada al mercado, sino un entorno de supervisión más riguroso y una presión adicional sobre empresas con capital chino.

Los principales puntos del reclamo chino son estos:

  • aranceles de entre 5% y 50% vigentes desde el 1 de enero de 2026;
  • impacto sobre 1,463 fracciones o clasificaciones de productos;
  • afectación a más de 30 mil millones de dólares en exportaciones;
  • pérdidas estimadas por 9 mil 400 millones de dólares para sectores mecánico y eléctrico;
  • verificación más estricta en certificación de origen bajo el T-MEC;
  • mayores costos y tiempos de despacho en aduanas mexicanas.

El gobierno mexicano defendió la decisión con un argumento central: corregir un terreno de competencia que considera desigual para la industria nacional. Marcelo Ebrard sostuvo que los aranceles responden a prácticas de dumping, subsidios y precios por debajo de niveles que permitirían competir a productores mexicanos en condiciones similares. En esa lógica, la política comercial no tendría como propósito confrontar a China, sino evitar daños a ramas manufactureras nacionales.

La defensa mexicana abarca varios sectores. Se mencionaron textiles, calzado, acero y vehículos como áreas donde la entrada de productos chinos a precios muy bajos presiona a empresas locales y puede llevarlas a cierre o pérdida de empleos. El ejemplo más directo fue el del acero, con referencias a importaciones que llegarían a 150 dólares por tonelada, una señal de precios difíciles de igualar para la industria asentada en México.

La controversia también se trasladó a las barreras no arancelarias. Empresas que participaron en la investigación china reportaron revisiones más frecuentes en procedimientos aduaneros, verificaciones de origen más severas y exigencias adicionales de documentación. También se describieron retenciones de mercancías por semanas o meses en puertos de destino, acumulación de contenedores, congestión portuaria y mayores costos por almacenamiento y demora.

En el frente técnico, el reclamo chino abarca además la ampliación del alcance de normas obligatorias mexicanas, incluidos procesos de certificación y etiquetado en productos como textiles, prendas de vestir, calzado, electrodomésticos y componentes. En algunos casos, se mencionan ciclos de pruebas de entre 6 y 10 semanas, lo que prolonga los tiempos de entrada de mercancías y encarece la operación comercial.

La lectura económica del choque es clara. México está utilizando instrumentos arancelarios y regulatorios para proteger sectores que considera expuestos a competencia desleal, mientras China interpreta esas decisiones como barreras al comercio y a la inversión. Esto implica un endurecimiento de la relación bilateral en materia económica y un posible aumento en los costos de transacción para empresas que dependen de insumos, componentes o cadenas logísticas conectadas con Asia.

También hay un ángulo estratégico más amplio. El conflicto aparece al mismo tiempo que México mantiene conversaciones con Estados Unidos sobre autos, acero, aluminio y el futuro del T-MEC. Eso vuelve más delicada la posición mexicana, porque cualquier ajuste comercial hacia China se lee también en el contexto del reordenamiento productivo de América del Norte y de la intención de reducir dependencia de Asia en sectores clave.

Por ahora, China no anunció un procedimiento formal bajo las reglas de la OMC, pero sí dejó abierta la posibilidad de responder en defensa de sus industrias. México, por su parte, insistió en que sus medidas están dentro de los márgenes permitidos por el comercio internacional y que su prioridad es emparejar la competencia para la producción nacional. El resultado es una tensión comercial que ya dejó de ser preventiva y que empieza a perfilar un conflicto más estructural entre protección industrial, integración regional y presión geoeconómica.

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