La guerra en Irán ya afecta a 90% de las empresas manufactureras de Alemania, en un momento en que la economía del país seguía buscando una recuperación frágil y la industria volvía a resentir el alza en los costos energéticos, los problemas logísticos y la caída de confianza.
El dato fue acompañado por un deterioro en las expectativas empresariales: el índice de confianza en Alemania bajó en marzo a 86.4 puntos, desde 88.4 en febrero, en medio de un entorno donde las empresas prevén mayores cargas para los próximos meses y una recuperación que vuelve a aplazarse.
El impacto identificado por las firmas industriales se concentra en varios frentes. El más importante es la energía. Un 78% de las empresas consultadas colocó entre sus principales problemas el encarecimiento energético. A ello se suman restricciones en rutas de envío y dificultades de suministro para productos intermedios y materias primas, señaladas por 36% de las compañías. Otro 24% anticipa una caída de la demanda en mercados a los que exporta con fuerza, mientras 16% teme interrupciones en el transporte aéreo de mercancías.
La afectación no se limita al sector fabril. La confianza empresarial también empeoró en servicios, sobre todo en turismo y logística. En comercio, las expectativas retrocedieron por el temor de los consumidores a un repunte inflacionario. En construcción, la caída del ánimo empresarial fue particularmente fuerte, con una intensidad no observada desde marzo de 2022.
El deterioro llega sobre una base industrial ya debilitada. La producción industrial alemana cayó 0.5% mensual en enero, después de un descenso revisado de 1% en diciembre. En términos anuales, la baja fue de 1.2%. La debilidad se concentró en actividades como la metalúrgica y la farmacéutica. Dentro de la manufactura, la caída fue de 2.5%, una señal de que el sector seguía sin consolidar una recuperación aun antes de que la escalada en Oriente Medio añadiera nueva presión.
También los pedidos industriales mostraron un freno importante. En enero se desplomaron 11.1% mensual. Al descontar los grandes pedidos, la caída fue de 0.4%, lo que dejó ver una dinámica subyacente todavía débil. Ese dato resulta especialmente relevante porque apunta a una actividad contenida en los próximos meses, aun con el respaldo de gasto público en defensa e infraestructura.
La guerra reabrió además una vulnerabilidad central para Alemania: la energía. El encarecimiento del petróleo y del gas volvió a ensombrecer el panorama para una industria que arrastra años de pérdida de competitividad y que ya enfrentaba costos elevados tras el fin del gas ruso y la salida de la energía nuclear. La exposición es alta: las industrias intensivas en energía representan alrededor de 17% del valor agregado bruto industrial y emplean a casi un millón de personas.
Las empresas también observan riesgos financieros adicionales. Entre ellos aparecen la incertidumbre sobre los costos logísticos y de transporte, el aumento en primas de seguros y los riesgos de pago. Eso convierte la crisis en un problema más amplio que un simple choque de precios: toca producción, comercio exterior, abastecimiento y márgenes operativos.
Pese a que el gobierno alemán comprometió apoyos para la industria, incluido un esquema de subsidio energético hasta 2028, el nuevo frente geopolítico volvió a ensuciar el horizonte. La expectativa de una recuperación industrial impulsada por estímulo fiscal y una mejor cartera de pedidos quedó otra vez bajo presión.
El antecedente de 2022 agrava la lectura. En aquel episodio de crisis energética, la producción de los sectores de mayor consumo energético cayó alrededor de 20% y arrastró cerca de 2.5% de la producción industrial total. Esta vez el choque aún no alcanza esa dimensión, pero sí vuelve a colocar a la industria alemana frente a uno de sus principales factores de riesgo.
El dato central, por ahora, es contundente: nueve de cada diez empresas manufactureras en Alemania ya prevén afectaciones por la guerra en Irán. En una economía donde la industria sigue siendo un eje productivo clave, el conflicto en Oriente Medio ya dejó de ser solo una crisis externa y comenzó a reflejarse como un problema económico directo.



