Geopolítica y Comercio
Sin temor a equivocarme, se puede decir que Marcelo Ebrard y ahora Roberto Velasco se sacaron el tigre en la rifa al convertirse en responsables tanto de la renegociación del TMEC, que ampara el 62.9% de nuestro comercio total, 86.3% de nuestras exportaciones y 38.5% de nuestras importaciones, como de la relación con nuestro principal socio comercial, fuente de inversión extranjera y la economía más grande en el mundo. Además de ser parte fundamental de la columna vertebral del gabinete de Claudia Sheinbaum, junto con la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, y los secretarios de Hacienda, Edgar Amador, Defensa Nacional, Ricardo Trevilla, y Seguridad, Omar García Harfuch.
Ebrard y Velasco tienen una encomienda particularmente retadora al enfrentar un entorno diametralmente opuesto al que existía apenas hace dos años, resultado del proteccionismo promovido por Trump, así como de su intención de establecer un nuevo orden internacional que propicie nuevamente la hegemonía estadounidense y detenga el crecimiento de China. Dentro de este nuevo régimen, el comercio internacional y la inversión extranjera juegan un papel preponderante como pilares que sostienen las políticas de seguridad nacional de un país. La producción eficiente a los costos más bajos ha dejado de ser la principal directriz, teniendo ahora mayor prioridad el acceso a los insumos necesarios para producir en el territorio de cada nación.
Trump ha declarado en varias ocasiones que un país no puede considerar que su seguridad nacional es eficiente sin contar con seguridad económica, la que implica una base amplia de manufacturas que genere empleos permanentes y bien remunerados, lo que a su vez llevará a revertir el déficit que tiene Estados Unidos en balanza comercial desde hace cincuenta años, para lo que la aplicación de aranceles es un catalizador que acelerará los cambios. De esta manera, a la elaboración de las políticas de comercio internacional e inversión extranjera se le ha agregado un componente sobre seguridad nacional que hasta el gobierno de Joe Biden nunca fue tan prominente y que hace mucho más compleja la agenda comercial al tener que considerar ahora aspectos como migración, tráfico de estupefacientes y la defensa del territorio nacional de posibles ataques con mísiles de largo alcance.
Con este panorama, la elaboración de la política comercial se ha vuelto un ejercicio que requiere involucrar nuevos criterios y hace más complejo la evaluación de los costos políticos. Bajo este panorama resulta indispensable el trabajo coordinador entre la secretaría de Economía y el resto de las dependencias federales y en este caso, el que Velasco haya iniciado su carrera en el gobierno federal como vocero de la secretaría de Relaciones Exteriores cuando Ebrard fungió como responsable, se podría considerar como una ventaja, a diferencia de las guerras dentro del gabinete que caracterizaron la negociación del TLCAN y del TMEC.
Sin embargo, Ebrard y Velasco parecen carecer de memoria histórica, algo que ha caracterizado a los diplomáticos más importantes, y confían en solucionar los problemas en base a las relaciones que van construyendo con sus interlocutores. Kissinger, Churchill, Zbigniew Brzezinski e incluso Madeleine Albright, quienes dejaron cada uno profundas huellas en la diplomacia internacional eran lectores voraces que les permitía tener un mejor entendimiento de las situaciones y de sus contrapartes. Además, todos tuvieron una marcada inclinación a escribir, lo que les permitió afinar su análisis y comprender mejor las situaciones que enfrentaban. Y no se puede dejar de mencionar que todos ellos tuvieron un sólido esquema teórico para identificar amenazas y proponer soluciones.
Para tratar con Trump y con su gabinete es indispensable contar con una buena relación personal, pero no es lo más importante. Al presidente le gusta tener la posibilidad de cambiar cualquier acuerdo y en política comercial las decisiones las toma sólo él. De ahí la necesidad de entender el funcionamiento del sistema de ese país, donde la fortaleza de las instituciones –y me refiero a las leyes y reglamentos, no a las dependencias– es mucho mayor de lo que el mismo Trump ha considerado. Decisiones como la de la suprema corte de justicia en contra de los aranceles de la IEEPA lo confirma y refuerza la noción de que la política internacional es mucho más que sólo relaciones personales, lo que Velasco deberá cultivar viajando mucho más a diferencia de sus predecesores.



