Geopolítica y Comercio
Esta semana, el secretario Ebrard declaró que es muy difícil que Estados Unidos elimine los aranceles al acero y a otros productos implementados en base a la sección 232 de la ley de Expansión Comercial, por lo que un buen escenario será lograr exenciones para aquellos que cumplan las reglas de origen, las que, a su vez, el gobierno de Trump busca elevar para minimizar el uso de componentes chinos en la región y así reducir la dependencia de la economía estadounidense. Por su parte, el Representante Comercial de ese país (USTR), Jamieson Greer, dijo el miércoles ante el comité de Medios y Procedimientos – el responsable del TMEC en la Cámara de Representantes – que Trump es el único que puede tomar la decisión de cambiar o eliminar los aranceles.
El presidente de los Estados Unidos ha defendido a ultranza los aranceles argumentando que el ingreso que generan ha permitido exentar del pago de impuestos a personas de bajos ingresos y reducir la tasa impositiva a muchas empresas, aunque el total recaudado ha sido menor a los 390,000 millones de dólares que el propio Trump predijo hace un año. Sin embargo, Greer y otros funcionarios han declarado que la principal función de los aranceles es servir como medio de presión en diversas negociaciones, no sólo de carácter comercial.
La visita de Greer a México, donde se reunió con los principales organismos del sector privado mexicano para escuchar su posición, con Ebrard para revisar los avances de las mesas de trabajo, y con la presidenta para discutir diversos temas, sobre todo relacionados con las barreras no arancelarias generadas por el gobierno anterior, permitió tener nuevos elementos para generar expectativas respecto a la renegociación del tratado, que arrancará formalmente la última semana de mayo. El primero de junio, Greer deberá informar a su congreso si Estados Unidos permanecerá o si saldrá del TMEC.
De acuerdo con fuentes de Washington, Estados Unidos no ha querido negociar ninguna reducción de los aranceles vigentes hasta que México elimine las más de 50 barreras no arancelarias que Marco Rubio le presentó a la presidenta en septiembre del año pasado, incluyendo hacer algo para contrarrestar los efectos que pueden tener las decisiones de los jueces electos el año pasado y que el gobierno de Trump estima que pueden estar sujetos a la influencia de los narco-carteles, del gobierno chino o de algún otro interés que pueda atentar en contra de los intereses estadounidenses en territorio mexicano. Funcionarios del departamento de Estado, del Tesoro, de Comercio y del USTR han puesto el tema sobre la mesa con sus contrapartes desde hace más de un año, sin tener hasta la fecha alguna respuesta.
La solución de muchos de estos problemas implica cambios legislativos a los que se opone el ala más dura de Morena por ir en contra de lo decretado por López Obrador. Una de las razones de la reunión de Greer con Sheinbaum fue preguntar sobre el estado que guardan los borradores que se han elaborado en comisiones legislativas, pero que ni siquiera se han presentado a consideración de la junta de coordinación. Y mientras no se realicen dichos cambios, nadie puede afirmar que se han resuelto problemas como los del litio, energía o telecomunicaciones que son los de mayor interés para Estados Unidos.
México se encuentra en una posición vulnerable con pocas fichas de negociación. Estados Unidos no puede salirse del TMEC sin generar un nuevo instrumento internacional que ampare los más de 170,000 millones de dólares en inversiones directas en el país. Sin embargo, puede acotar el acceso de los productos y servicios mexicanos a su mercado por medio de diferentes mecanismos, como el establecimiento de cuotas y periodos para exportar, además de los aranceles. A Trump no le importa el daño que estas medidas puedan ocasionar en su economía.
México tiene que definir su estrategia de negociación, considerar la diversificación de mercados e identificar nuevas fuentes de suministro. Los aranceles a los productos chinos han elevado el precio sobre todo de insumos y bienes intermedios de ese país, muchos de los cuáles no se producen en territorio mexicano. El 20% del total importado en México proviene de China, su segundo socio comercial, mientras que en el caso de Estados Unidos es sólo el 9%. Si Trump busca restringir las inversiones chinas en la región, entonces Sheinbaum tiene que considerar otras fuentes de inversión, como las que puede generar la firma del tratado comercial con la Unión Europea.



