Clínicas de primer contacto: la base silenciosa del sistema de salud en México
La Ciudad de México cuenta con 537 unidades médicas de primer nivel, 234 de la Secretaría de Salud, 213 del IMSS bienestar, 64 Unidades de Medicina Familiar (UMF) del IMSS y 26 del ISSSTE, funcionan como el punto de entrada entre la población y los servicios de salud. Estas clínicas, centros de salud y consultorios no son simplemente espacios de consulta: son la base de todo el sistema de salud, sus principales ventajas radican en lo accesibles que resultan para la mayoría de los usuarios y en que permiten el contacto con un médico que trata integralmente a la familia.
El primer nivel de atención cubre servicios de consulta externa general, atención dental, estudios básicos de laboratorio clínico y radiografías simples. Sus funciones abarcan desde campañas de vacunación, programas de nutrición y educación sobre estilos de vida saludables, hasta el manejo de enfermedades comunes y crónicas, atención prenatal, cuidado infantil y la coordinación con niveles superiores de atención para casos que requieren intervención especializada.
El médico de cabecera como figura central
El médico de primer nivel de atención es el «médico de cabecera» y generalmente conoce personalmente a la mayoría de sus pacientes, lo que permite un mejor seguimiento y una atención más personalizada. Esta relación continua y de largo plazo es una de las ventajas más difíciles de replicar en niveles de atención más especializados, donde la lógica de atención es episódica y orientada a condiciones específicas.
La prevención y el tratamiento temprano de enfermedades en el primer nivel disminuyen la necesidad de intervenciones más costosas en hospitales y clínicas especializadas, lo que no solo ahorra recursos al sistema de salud, sino que también reduce el impacto económico en las familias. Bajo esta lógica, fortalecer el primer contacto no es solo una medida de eficiencia: es una estrategia de equidad.
Desafíos y agenda institucional
El Programa Sectorial de Salud 2025–2030, publicado en el Diario Oficial de la Federación, establece que se consolidará un sistema de atención ágil, con infraestructura renovada y servicios de laboratorio disponibles en el primer nivel de atención, y que una mejor cobertura y distribución del personal de salud incrementará significativamente el número de médicos, enfermeras y profesionales de salud pública.
Uno de los problemas estructurales identificados es que el modelo previo no responsabilizaba a los equipos técnicos con los cuidados de una población delimitada. El antiguo esquema no estimulaba al médico y a la enfermera a desarrollar labor preventiva y de promoción de la salud en el primer nivel, ni consideraba la atención a los determinantes sociales y ambientales de la salud del territorio; era un modelo que privilegiaba la atención a los enfermos, con mirada limitada a la salud integral de las personas, familias y comunidades.
Frente a este diagnóstico, el nuevo modelo busca incorporar la atención primaria de salud (APS) como eje rector. Esto implica que el personal médico y de enfermería desarrolle capacidades preventivas, comunitarias y de seguimiento poblacional, no únicamente clínicas.
En materia de calidad, el nuevo Modelo de Certificación y Estandarización de Buenas Prácticas en Atención de Servicios de Salud, vigente desde 2025, incluye explícitamente a las clínicas de primer nivel de atención entre los establecimientos susceptibles de certificación, con carácter voluntario, lo que fomenta la participación gradual.
El alcance del primer nivel es poblacional: su fortalecimiento determina cuántas personas logran diagnósticos tempranos, cuántas enfermedades crónicas se controlan antes de generar complicaciones costosas, y cuántos casos de urgencia hospitalaria pueden prevenirse con seguimiento oportuno. La agenda institucional para los próximos años tiene en este nivel su apuesta principal.



