Este sábado pasado fui a ver a Elton John al estadio Azteca, ahora estadio Banorte. Fue su último concierto en México. Se retira de los escenarios. He de decir que, en noviembre de 1992, también estuve en el primer concierto de este artista, en el mismo lugar. También fue todo un espectáculo.
Gocé a tope este último concierto, no paré de cantar y bailar. Me acompañaron mis hijas quienes también lo disfrutaron muchísimo. De pronto al desarrollarse el concierto, ví como con varias canciones recordaba situaciones y momentos específicos de mi vida y entonces concienticé el impacto, que este señor de casi 80 años, inglés y que nunca conocí personalmente, ha tenido en mi vida a través de su trabajo, de su arte, de su música.
Después, al revisar la biografía de este artista, ví como su experiencia de vida también ha tocado a muchas personas en el mundo: desde su rehabilitación de alcohol y drogas hasta sus famosas fiestas anuales para recaudar fondos para su fundación que busca encontrar la cura de enfermedades como el SIDA, además de sus colaboraciones musicales con diferentes artistas.
Es increíble ver el efecto que una persona puede tener en otras. Parece un efecto dominó impresionante. Y también ese efecto lo podemos tener cada uno de nosotros, a nuestro nivel, en nuestra área de injerencia. ¿Te lo habías puesto a pensar?
Tal vez no le hayas dado importancia, pero decir: “buenos días” a las personas con las que te cruzas puede hacer diferencias. Diferencias en hacer sentir visto a una persona, en mejorarle el día con tu saludo, en sentirte bien por actuar de manera amable y educada en un mundo agresivo y violento. Ahí has impactado positivamente a otros. Existen infinidad de ejemplos como: ayudar a un amigo o compañero al explicarle algo de la clase, agradecer un servicio recibido, ayudar a alguien con algo pesado o en algún apuro, claro está mientras no te pongas en riesgo.
Existe un movimiento muy poderoso con el que impactamos a los demás. Es un ejercicio facial que sólo necesita 7 músculos: La Sonrisa. Una sonrisa bien intencionada, abierta, auténtica hace milagros. Cuando sonreímos, además de sentirnos mejor con nosotros mismos, abrimos una puerta de amabilidad, de cierta cercanía donde la cordialidad tiene espacio.
El saber que tenemos un impacto en los demás no es para sentir que “somos lo máximo” y llenarnos de soberbia o pensar que eres poderoso y que te puedes aprovechar de ellas. Al contrario, es para hacerte consciente de la responsabilidad que tienes de tus actitudes, de como te relacionas con los demás y los efectos que eso puede tener. Si todos actuáramos de manera amable, sonriendo y por lo menos saludando a quienes te cruzas, ese impacto positivo que tienes en otros, se replicaría ayudando a crear comunidades amables y cordiales tan necesarias. Recuerda que todos tenemos problemas, diferentes y de magnitud variada, pero todos tenemos algo que resolver, ¿Por qué no ayudar con amabilidad? ¿por qué no impactar favorablemente como alguien que te haya impresionado a ti? ¿Por qué no ser como tu artista favorito que te deslumbra e influir positivamente en donde te encuentres?
Nuestro mundo está urgido de vivir en amabilidad, en armonía, en cordialidad y cada uno de nosotros somos un agente de cambio para lograrlo. Sé consciente de tu manera de influir en el mundo y atrévete a impactar positivamente a tu alrededor. Seguro se multiplicará.







