24 de octubre de 2026

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El ángel ha sonreído de nuevo

El Mundial le devuelve a México algo que la política y la violencia le habían arrebatado: la posibilidad de contarse a sí mismo desde adentro, no desde la narrativa de otros.

Con el mundial, el Ángel de la Independencia está viendo desde las alturas, una imagen que le hacía mucha falta. Durante años, sus únicos recuerdos memorables han sido gritos de lucha, de justicia, de dolor, desesperación e impotencia. Consignas y cantos de una nación desesperada por volver a encontrarse a ella misma, de un pueblo que está cansado de que la única foto que logra salir en el periódico, en su vida cotidiana y el escaparate internacional, sea una que ya no ha podido escribir por sí misma. Las y los mexicanos hemos sido durante mucho tiempo una historia contada por alguien más; por la delincuencia con sus atrocidades, por el gobierno con sus actos corruptos o por agentes internacionales como Donald Trump.

Con obras a medias, boletos impagables y maquillaje a la ciudad, pero el mundial llegó y trajo consigo el pretexto donde nos hemos inventado un espacio que extrañábamos desde hace tiempo. Seas un aficionado o un seguidor de ocasión, es inevitable no sentir la fiebre. Perdido entre el verde de la playera, que visten por igual el empresario y el taquero, existe un sentimiento necesario e inevitable: la esperanza de ser nosotros quienes contemos otra vez la historia. Nos han arrebatado nuestra narrativa, nuestra versión de la realidad. La realidad de quien diario se para a trabajar, quien va a la escuela, quien cuida, quien sueña, quien lucha, quien vive; la historia desde su experiencia y no desde la versión de nadie más. La realidad donde caben todas.

Porque las demás realidades no se olvidan mientras celebramos una en la que existe la victoria. No se deja de lado que hay cientos de miles de personas que nunca volvieron a casa, que a diario mueren mujeres por el simple hecho de serlo, que hay gobernadores acusados de narcotráfico y violadores en el poder. No se olvida el sufrimiento, la impunidad ni la injusticia; el mundial es algo más profundo que un escape de la realidad. Se encontró un espacio para identificarnos con algo más que solo la historia que otros cuentan de nosotros.

Los últimos ocho años, el país ha caído en una polarización donde los partidos políticos tienen más “aficionados” que ciudadanos, y la falta de crítica combinado con el exceso de show, ha sembrado los cimientos de una sociedad que ya no se mira a los ojos. México necesitaba, en verdad le urgía, que por un rato otra vez todos estuviéramos en el mismo equipo. Para recordar que los políticos vienen y van, quitan más de lo que dan y no son dueños de la realidad y ni de la historia; los autores somos nosotros.

El mundial ha significado la oportunidad para las y los mexicanos de recordar que no somos un titular manipulado, una mañanera desde palacio nacional, ni una amenaza en una narco manta. Somos un país que ha luchado mil batallas sin ganar la guerra y durante mucho tiempo ha estado dividido en dos, pero con el mundial nos estamos encontrando de nuevo en la misma trinchera. Nos está dando la oportunidad de irle al mismo equipo, gritar la misma consigan y usar el mismo color.

El Ángel ha sonreído después de solo sentir rabia y tristeza durante tanto tiempo. No sonríe porque olvide las luchas ni porque se hayan resuelto, sino por el gusto y la esperanza de vernos a todos reunidos de nuevo.

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