24 de octubre de 2026

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Aguirre se va del Tri; deja un modelo de sucesión inédito

La salida de Javier Aguirre no es solo un cambio de entrenador: activa un modelo de sucesión planeado por la FMF desde 2024, algo sin precedente reciente en México.

Javier «Vasco» Aguirre confirmó su salida como director técnico de la Selección Mexicana tras la eliminación en octavos de final del Mundial 2026, en la derrota 3-2 ante Inglaterra en el Estadio Azteca. Lo relevante no es solo el final de su tercer ciclo al mando del Tri, sino que su salida activa un mecanismo de sucesión que la Federación Mexicana de Futbol diseñó desde 2024 y que no tiene precedente reciente en el futbol mexicano: un entrenador designado explícitamente para entregar el mando a su propio asistente al terminar el Mundial en casa.

El dato institucional es el que explica todo lo demás. El 9 de diciembre de 2025, el presidente de la FMF, Ivar Sisniega, confirmó públicamente que la continuidad de Rafael Márquez como sucesor estaba estipulada en el contrato que Aguirre firmó con la Federación. Es decir, no hubo interinato, comité técnico ni proceso de selección abierto: el relevo fue una condición contractual pactada dos años antes de que ocurriera, algo atípico en una posición que históricamente en México se ha resuelto por presión mediática o resultados inmediatos.

Ese diseño cambia la lectura del ciclo 2024-2026. Con 18 victorias, cinco empates y cuatro derrotas en 27 partidos como local —cifra inflada por su condición de anfitrión, sin eliminatoria mundialista de por medio—, el balance de Aguirre no puede leerse solo en resultados, sino como una etapa de transición controlada, cuyo objetivo explícito era estabilizar un proceso y entregarlo, no necesariamente ganarlo todo.

La consecuencia competitiva inmediata es doble. Primero, Rafael Márquez asume con continuidad de plantilla: no hay ruptura de proceso ni readaptación táctica desde cero, algo que sí ocurrió en ciclos anteriores del Tri con cambios abruptos de entrenador. Segundo, la FMF se juega su propia credibilidad institucional: si el proyecto Márquez no rinde en las próximas eliminatorias, quedará expuesto que el modelo de sucesión planeada —y no la meritocracia de resultados— definió al timonel rumbo a 2030.

Para la afición y el mercado futbolístico mexicano, esto importa por una razón concreta: rompe con la lógica de «entrenador de resultados inmediatos» que ha dominado los últimos veinte años en la posición, y traslada la responsabilidad del proyecto a un plazo de cuatro años completo, con métricas de evaluación distintas a las de un Mundial aislado.

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