25 de octubre de 2026

CDMX --°C | HNC: --

40 horas

Reducir de 48 a 40 horas sin dar un día extra de descanso es maquillar la vida. La batalla real es por el tiempo: el lujo invisible que define cómo vivimos.

“Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa en ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se detienen a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo.”

Momo, es una novela infantil de Michalel Ende que cuenta la historia de una niña que, con su habilidad especial de escuchar, descubre que algo inusual sucede en su ciudad. Se trata de la llegada de los hombres grises, personajes misteriosos y sombríos cuyo objetivo es robar el tiempo de las personas. Ella se da cuenta del problema poco a poco, cuando los adultos dejan de jugar con los niños, los espacios recreativos se vacían y nadie tiene tiempo de ir a platicarle sus historias. En el cuento, la niña salva el día, la ciudad reflexiona y se vuelve a valorar el tiempo.

Recuerdo esta historia de mi infancia, porque estamos en medio de la discusión de la reducción de la jornada laboral, una batalla histórica, una batalla que me parece de las más justas; la batalla por el tiempo. Pues el tiempo que se le dedica al trabajo delinea el tiempo que se le dedica al resto de la vida. Influye en la cotidianidad como individuos pero también como colectividad. Determina si somos ciudades con pausas o con prisas, con comunidad o solo con entes. Construye lo que llamamos “el resto de nuestras vidas”.

La propuesta que se discute, no es la única, pero sí es la propuesta que envió MORENA e impusa con su mayoría. Y en efecto, reduce la jornada laboral de 48 a 40 horas, pero no le da a las y los trabajadores un día más de descanso. Esto quiere decir que, se reducen los números, pero no hay un verdadero cambio en la vida de la gente. Y así de romántico como suena, es tan literal como se percibirá el nulo cambio“el resto de la vida” de las personas. Porque sí es un avance, pero no es suficiente.

Esta vez, lejos de entrar en el debate político o en la propuesta de Movimiento Ciudadano que sí considera un día más de descanso, de verdad quiero hablar del tiempo. Porque es el verdadero lujo de nuestra generación, el bien más preciado y menos percibido.

La frase del libro sigue: “Hay calendarios, hay relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos sabemos que a veces una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante, depende de lo que hagamos durante esa hora.”

Durante el último año he tenido la oportunidad de realizar muchas entrevistas, de jugar a Momo y escuchar qué harían las personas con un día más de descanso. Y para sorpresa de nadie la respuesta varía pero de fondo tampoco cambia: vivir. Porque tampoco hay que caer en la cursilería que lo justifica con pensar que es solo “para estar con la familia”. No. No es necesario que los hombres grises ( o los guindas) legitimen el uso del tiempo, es parte de la trampa. Es legítimo hacer con el tiempo lo que a uno le venga en gana: dormirlo, ejercitarlo, besarlo, beberlo, cogerlo, leerlo, abrazarlo, escribirlo, cocinarlo, comprarlo; vivirlo. Y es obligación del Estado garantizar que cualquier persona tenga el derecho de tenerlo, y cuando lo tenga, de vivirlo. 

“Porque cada hombre tiene su tiempo. Y solo mientras siga siendo suyo se mantiene vivo”

Tristemente lo más probable es que la inicitiva se quede como llegó, que no haya un día más de descanso y que la batalla de las y los trabajadores haya dado un paso, pero sin llegar por fin a la victoria. No entiendo porque, no sé cómo hacer frente a los hombre guindas. Pero mientras haya tiempo, la lucha por su recuperación, perdura.

Columnas de opinión

Todo el contenido de El Comentario del Día en la palma de tu mano. Suscríbete a nuestros canales de difusión: WhatsApp | Telegram

Publicidad

Accede a tu cuenta

Gestiona tu membresía y consulta el contenido disponible para ti.


Suscríbete