En enero inicié una nueva aventura: cursar un diplomado en Derecho Penal Canónico en la Universidad Pontificia de Comillas.
El principal objeto de estudio es el delito de abuso sexual de menores, de personas que habitualmente gozan de un uso imperfecto de razón o a las que el derecho les otorga igual tutela, aunque hemos estudiado los demás delitos que contempla en Código de Derecho Canónico y los documentos pontificios que se ocupan de la materia.
Como dijo Benedicto XVI, un abuso dentro de la Iglesia es intolerable. Desde San Juan Pablo II a la fecha, los Papas han reconocido el problema y hecho reformas importantísimas para prevenir y sancionar los abusos sexuales dentro de la Iglesia. Como siempre sucede, las buenas noticias no son noticias, por eso, se mantiene en la mente del colectivo que no se ha hecho nada al respecto.
El abuso sexual de menores es un grave problema en todo el mundo. El Centro Nacional de Menores Desaparecidos y Explotados de los Estados Unidos reportó durante 2024 un total de 62,992,859 denuncias.
Tim Tebow, presidente de la Fundación que lleva su nombre, en su área de prevención y lucha en contra de la explotación sexual de menores, se presentó ante el Congreso de los Estados Unidos de América para promover una iniciativa bipartidista llamada Renewed Hope Act.
Ésta busca que se contraten, capaciten y asignen al menos 200 nuevos investigadores, expertos forenses en medios digitales y analistas criminales dedicados a la identificación de las víctimas de explotación sexual. A su vez, busca implementar políticas que protejan la identidad de las víctimas y que provean servicios que atiendan de manera compasiva e informada el trauma vivido.
Durante su comparecencia, en cuanto a los datos de abuso sexual de menores, manifestó que, en Estados Unidos, la mayor cantidad de delincuentes son los padres biológicos de las víctimas; que el abusador promedio tiene 13 víctimas durante su vida y; que de 50,000 víctimas, más de 3,000 son bebés y niños menores de 3 años de edad.
Según el Informe 2025 de Fundación Freedom, el 19% de los abusadores son el padre o madre biológica; 9.5% un primo o prima; 7.1%, un tío o tía, 2.4%, el padrastro o la madrastra, un abuelo o abuela; 14.3% otro familiar; 40%, una persona conocida y; 4.8% una persona no conocida.
Hace unos días, una prima me dijo que hay temas que toco que se le hacen muy fuertes. Justo por eso los abordo. Lo que no se nombra, no se reconoce.
No trato de presentar, sin más, datos de abuso sexual. Mi objetivo es hacer conciencia de que el problema existe y que es necesario que todos estemos conscientes de ello para poder prevenirlo, porque un solo menor abusado es una gran tragedia.
Para mí, el peor problema en la prevención es que pensamos que a los niños y adolescentes de nuestra vida, nunca les podría pasar. Que los adultos que los rodean son incapaces de abusar de ellos. Los pederastas no llevan en la frente una marca que los identifique como tales. Son personas que viven una doble vida: por un lado, parecen personas de bien y, por otro, pasan parte de su vida, planeando y llevando al cabo el abuso de menores.
En el mundo digital, cualquier menor que tiene acceso a un aparato conectado al internet es una posible víctima. En la vida real, todos corren riesgo.
Lo más importante es estar al pendiente de los niños y adolescentes que tenemos bajo nuestro cuidado. Infórmate, habla con ellos, revisa los dispositivos que usan y escúchalos.







