El Banco de México anuncia mañana, jueves 7 de mayo, su decisión de política monetaria en el momento de mayor presión económica del año. El primer trimestre de 2026 registró una caída del Producto Interno Bruto de 0.8 por ciento en términos trimestrales y de apenas 0.2 por ciento de avance anual. La inflación general se ubica en 4.63 por ciento —por encima del objetivo de 3 por ciento del banco central. El precio del crudo Brent supera los 115 dólares por barril tras la escalada en el Estrecho de Ormuz. El mercado anticipa un recorte de 25 puntos base, lo que llevaría la tasa de referencia de 6.75 a 6.50 por ciento.
La institución completó su ciclo de pausa en febrero y retomó el camino de la relajación monetaria el 26 de marzo, cuando recortó 25 puntos base. La reunión del 7 de mayo será la segunda del año en la que la Junta de Gobierno evalúa si continúa ese ciclo.
El dilema de la Junta de Gobierno
La decisión concentra tensiones contradictorias. A favor de un recorte pesan la debilidad del crecimiento, el deterioro de la inversión y la presión sobre el poder adquisitivo. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía reportó que en el primer trimestre las tres grandes áreas de la economía —industria, servicios y sector primario— registraron bajas generalizadas. Los analistas consultados por el Banco de México proyectan un crecimiento de apenas 1.30 por ciento para 2026, cifra que algunas instituciones ubican todavía más abajo.
En sentido contrario, la inflación general en 4.63 por ciento supera en más de un punto porcentual el techo del intervalo de variación que el banco central acepta como compatible con su objetivo de convergencia al 3 por ciento. La tasa de política monetaria en términos reales ya se aproxima a la zona de neutralidad: con la tasa nominal en 6.75 y la inflación en 4.63, la tasa real ex ante ronda entre 2.1 y 2.5 por ciento, un nivel que el propio Banxico considera próximo al punto en que los recortes adicionales comienzan a comprometer el anclaje de expectativas inflacionarias.
La encuesta de analistas del banco central anticipa que la reunión del 7 de mayo cerrará con una reducción de 25 puntos base, con una tasa terminal de 6.50 por ciento tanto para 2026 como para 2027.
El diagnóstico del sector privado
El cuadro del sector privado agrava el escenario. S&P Global Market Intelligence reportó que el optimismo empresarial en México cayó a su nivel más bajo desde 2020. Las empresas identifican cuatro presiones simultáneas: costos de insumos en su segundo ritmo de alza más rápido desde que se inició el estudio en 2011 —incluyendo combustible, transporte y materias primas—; caída en exportaciones vinculada a la incertidumbre sobre la revisión del T-MEC; inseguridad en carreteras que eleva los costos logísticos; y debilidad de la demanda interna, que impide trasladar esos costos a los precios finales.
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público reportó que la inversión física del gobierno federal cayó 15.6 por ciento en términos reales en el primer trimestre, con una contracción de 47 por ciento en el sector energético. El secretario Édgar Amador Zamora señaló que en marzo la tendencia se revirtió con un repunte de casi 70 por ciento en términos reales, y proyectó que la economía podría crecer a una tasa anualizada de 3 por ciento hacia los últimos trimestres del año.
El diferencial con la Reserva Federal y el tipo de cambio
El diferencial entre la tasa de Banxico y la de la Reserva Federal de Estados Unidos es en este momento de 325 puntos base: 6.75 por ciento frente al rango de 3.5 a 3.75 de la Fed. Ese margen sostiene el atractivo del peso para el carry trade, uno de los flujos de capital que ha mantenido la moneda mexicana relativamente estable en un año con múltiples choques externos. El tipo de cambio spot opera en torno a los 17.53–17.55 pesos por dólar.
Un recorte de 25 puntos base en Banxico reduciría ese diferencial a 300 puntos base. En condiciones normales, el efecto sobre el tipo de cambio sería moderado. Pero en el contexto actual —con el peso presionado por las tensiones diplomáticas con Washington en torno al caso Sinaloa y con la incertidumbre sobre el T-MEC— el margen de maniobra es más estrecho que en recortes anteriores.
Las remesas, que en 2025 alcanzaron un récord de más de 63,000 millones de dólares, siguen siendo el principal amortiguador de la presión cambiaria. El flujo de inversión extranjera vinculado al nearshoring también opera como factor de estabilización, aunque su ritmo de entrada se ha ralentizado ante la incertidumbre sobre las reglas de origen del T-MEC.
Lo que viene después de mañana
La decisión del 7 de mayo se produce en el mismo día en que el INEGI publica el Índice Nacional de Precios al Consumidor de abril. Si ese dato muestra que la inflación continuó cediendo a pesar de las presiones energéticas, la Junta de Gobierno tendrá argumento adicional para validar el recorte que el mercado anticipa y proyectar espacio para más movimientos en el segundo semestre.
Si el INPC de abril sorprende al alza, el recorte podría acompañarse de un mensaje de cautela que señale pausa en las siguientes reuniones. La próxima reunión calendarizada del Banco de México es el 26 de junio.



