Geopolítica y Comercio
Las declaraciones del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), Jamieson Greer, en el Foro sobre Seguridad de Aspen dejaron en claro que el gobierno mexicano deberá ajustar su estrategia de negociación para lo que se perfila como un proceso largo, complejo y tortuoso, que en su primera fase puede extenderse hasta el segundo semestre del 2027. Destacan cuatro aspectos: el déficit comercial, algunos de los aspectos sobre seguridad nacional que forman parte de la agenda de negociación, la modalidad de las negociaciones y el tiempo que pueden llevar.
Greer comentó tener instrucciones de Trump de “controlar” el déficit comercial – la diferencia entre el valor de las exportaciones y las importaciones – con México por medio de aranceles, cuotas u otras medidas. De acuerdo con la Oficina del Censo de Estados Unidos, durante los primeros cinco meses del año México fue el principal proveedor de la economía estadounidense, su principal cliente y ocupó el tercer lugar entre los países con mayores déficits (81,239 millones de dólares), por debajo de Taiwán (91,375) y Vietnam (90,381). China ocupó el cuarto lugar (58,278) y Canadá el décimo (18,436).
Resulta muy difícil reducir el déficit con México: más del 70% de las exportaciones mexicanas a la Unión Americana son insumos y bienes intermedios – que se usan en procesos productivos – elaborados según las especificaciones de las empresas que los adquieren y encontrar sustitutos llevaría tiempo, retrasando la producción. Por su parte, la mayoría de lo que México importa de Estados Unidos también son bienes intermedios, por lo que el estancamiento que sufre la economía mexicana ha ocasionado que lo que compramos al Tío Sam sea un monto inferior de su valor potencial. Y cuando los bienes finales importados desde Estados Unidos se vuelven muy caros, el consumidor los sustituye por otros.
Trump argumenta que los aranceles son en represalia por las prácticas ilegales en contra de los productos estadounidenses, ignorando que el déficit comercial de la Unión Americana refleja las condiciones estructurales de su economía por la falta de diversos insumos, el alto costo de la mano de obra, la composición sectorial de la industria y la prevalencia del sector servicios en su producto interno bruto. Además, ha omitido que el déficit comercial ha permitido a sus ciudadanos disfrutar de bienes de la más alta calidad y al menor precio posible durante décadas.
Greer también mencionó algunos de los aspectos sobre seguridad nacional que forman parte de la agenda de negociación: minerales críticos, filtros a la inversión extranjera en la región, controles a la exportaciones y medidas para bloquear componentes chinos de las cadenas de suministro. Estados Unidos justifica estos temas argumentando que, sin seguridad económica se vulnera la seguridad del país.
El USTR anunció en febrero que un plan acordado con México para desarrollar la producción de algunos de los 60 metales denominados como minerales críticos por el Departamento de Energía, entre los que destaca el litio, indispensable para las baterías. Canadá se negó a firmar un plan similar y dijo que cualquier tema comercial se negociaría al amparo de la revisión del tratado.
Estados Unidos pretende implementar en México y Canadá el mecanismo vigente en su territorio para filtrar nuevos proyectos de inversión extranjera y minimizar la presencia china en la región. Esta medida afectaría al gobierno de Sheinbaum ante la caída de nuevos proyectos extranjeros y el enorme interés de China por aumentar su presencia en territorio mexicano. De la misma manera, los controles a las importaciones de bienes chinos tienen hoy en día mayor impacto en México que en Estados Unidos: China es el segundo proveedor de México y representa 17.4% de sus importaciones totales y sólo e7.3% para la Unión Americana.
Greer también dijo que las negociaciones con México y Canadá serán bilaterales, en parte por las diferencias en la agenda de seguridad nacional con cada nación. Por esto, la negociación tomará más tiempo y, en el caso de Canadá, las perspectivas son más inciertas debido a la animadversión de Trump hacia Mark Carney. México deberá entonces atender las demandas canadienses sobre minería, electricidad, maíz transgénico, ajustes al mecanismo de solución de controversias y trato discriminatorio a empresas canadienses, planteadas desde la reunión de la Comisión del TMEC en 2024.
México enfrenta un proceso de negociación que en su primera etapa puede durar de nueve a 12 meses y que se puede alargar si Trump detiene el proceso a mediados de septiembre para que no interfiera con las elecciones del 3 de noviembre. La respuesta de Sheinbaum debiera incluir un paquete de políticas industriales que promuevan otros sectores además del automotriz; comerciales, que abran nuevos mercados; de inversión, para atraer nuevos proyectos; y cambios a la reforma judicial, que restablezcan la certeza que requieren los inversionistas.



