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17 de octubre de 2021

La economía política contra las ilusiones

Existe un principio no escrito que se encuentra por encima de cualquier otro y es el principio de la rentabilidad. Cuando esta está en peligro y sin duda ahora lo está dada la crisis mundial en la que nos encontramos inmersos, saltan las alarmas y cualquier atisbo de supuesta racionalidad pura alrededor de las decisiones de política económica, desaparece...
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Amanda Vega Hidalgo

La tasa de inflación de la zona euro ha alcanzado este julio su valor más alto desde octubre de 2018, un 2,2%. ¿Es esto relevante para la economía europea? Haciendo un repaso de los últimos años, no parece ser una cifra demasiado escandalosa:

Fuente: ECB Statistical Data Warehouse

Sin embargo, tras la publicación del dato, el Bundesbank se ha apresurado en hacer una declaración a la que me gustaría dedicar unas líneas en este artículo: advierte de que el Banco Central Europeo no está ahí para cuidar la solvencia de los estados. Desde mi punto de vista, esta sentencia reviste ciertos aspectos de importante calado sobre el funcionamiento de la economía europea en concreto, pero también de la economía mundial en su conjunto.

En primer lugar, estas declaraciones van contra uno de los principios de los que se jacta el BCE, el principio de independencia política. Así, de acuerdo con el artículo 130 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea: “ni el BCE ni los bancos centrales nacionales (BCN), ni ningún miembro de sus órganos rectores podrá solicitar o aceptar instrucciones de las instituciones y organismos de la UE, ni de los gobiernos de los Estados miembros ni de ningún otro órgano”. Además, “las instituciones y organismos de la UE, así como los gobiernos de los Estados miembros, se comprometen a respetar este principio y a no tratar de influir en los miembros de los órganos rectores del BCE”. ¿Acaso está el banco central alemán atentando contra este artículo? La respuesta afirmativa a esta cuestión creo que es innegable. No obstante, como analistas económicos, qué ilusos seríamos si realmente pensáramos que existe una economía sin política y viceversa.

Existe un principio no escrito que se encuentra por encima de cualquier otro y es el principio de la rentabilidad. Cuando esta está en peligro y sin duda ahora lo está dada la crisis mundial en la que nos encontramos inmersos, saltan las alarmas y cualquier atisbo de supuesta racionalidad pura alrededor de las decisiones de política económica, desaparece. De hecho, junto a estas declaraciones, desde el Bundesbank se recuerda que el Consejo de Gobierno, principal órgano rector del BCE, ha sentenciado que “el rumbo (de la política monetaria) se endurecerá si las perspectivas de precios para la zona euro se sitúan claramente por encima del dos por ciento en el futuro”.

En segundo lugar, desde mi punto de vista, implica acabar con toda “ilusión” de una especie de “capitalismo humano” hacia el que habría virado la política económica europea de cara a enfrentar la actual crisis bajo un cuerpo teórico más neokeynesiano, dejando atrás las políticas neoliberales de la troika con la austeridad por bandera. Esta idea es la que se viene ligando con los famosos fondos de recuperación europeos, supuestamente dirigidos a reforzar la “resiliencia” de la economía europea dirigiéndola hacia una nueva senda más ecológica y digital.  De hecho, desde distintos sectores privados e institucionales, se demanda la “vuelta a la normalidad” en lo que a política económica se refiere.

Y, en tercer lugar, estas declaraciones rompen, a su vez, en mi opinión, con otra “ilusión” defendida hasta la saciedad desde la ortodoxia económica que es la posibilidad de funcionamiento del sistema económico sin la intervención de las instituciones públicas. Desde que existe el capitalismo, ¿se le ocurre a alguien algún momento histórico en el que los grandes capitales hayan sobrevivido sin la intervención de lo público?

A la luz del principio de rentabilidad, se descubre que lo que a priori pudiera parecer una contradicción entre el BCE y el banco central alemán es, en realidad, un hecho totalmente lógico. Ya se argumentó en artículos anteriores que los citados fondos constituyen más bien un rescate a los grandes capitales. De hecho, volviendo a la inflación y siguiendo al economista Jose Luís Sampedro, esta es un fenómeno inherente al propio capitalismo, un “fallo de mercado”, de ahí, entre otras cosas, que constituya el primordial objetivo de la mayoría de los principales bancos centrales de las economías occidentales. Es demasiado pronto aún para hablar de una tendencia alcista de inflación en la zona euro, pero los grandes capitales de los países centrales ya están en alerta. El próximo artículo lo dedicaremos a indagar en ella y en su papel en la correlación de fuerzas entre el trabajo y el capital.

Mientras tanto, como ya ocurrió en el año 2010, las pérdidas del sector privado se socializan y, como acabamos de comprobar, este es implacable a la hora de exigirlo. En España, tanto la reforma laboral como la de pensiones ya están en marcha; el Bundesbank y los grandes capitales pueden estar tranquilos. Ellos no viven de ilusiones.

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