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OPINIÓN

El espejismo de la Copa Oro

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Por Sergio Hayen Lizarralde


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¡Bendita Copa Oro! Tras cuatro años desde el último título ganado por la selección mexicana mayor, tras dos años en los que México demostró un paupérrimo nivel para jugar al fútbol, tras un verano caótico donde tu archirrival te humilló y donde hubo múltiples cambios administrativos, por fin México logró dejar todo eso atrás y se consagró campeón del máximo galardón de la Concacaf. Todo vuelve a la normalidad, ¿o acaso es solo una ilusión?

            Con estos ojos es cómo amanece la afición mexicana luego del triunfo contra la selección de Panamá, un gol a cero, en la final de la Copa Oro. Pero fuera del frenesí que esta victoria desató, no hay nada de que alegrarse. Más bien, no debemos caer en falsas conclusiones tras el aparente éxito en el torneo.

            Primero hay que analizar lo que verdaderamente fue esta Copa Oro. Por un lado, tus principales oponentes, Estados Unidos y Canadá, no decidieron llevar a su cuadro estelar, para darle tiempo de juego a jugadores jóvenes que aspiran a formar parte de sus “selecciones A” en unos cuantos años. Por otro lado, selecciones que constantemente eran una piedra en el zapato para el Tri, como Honduras o Costa Rica, viven un proceso igual o peor al del Tri, pasando por un pésimo momento, futbolísticamente hablando. Además, el resto de los equipos, sin contar a Panamá y a Jamaica, son selecciones que difícilmente pueden trascender en un torneo de esta magnitud, hablando de todas las islas caribeñas que participaron.

            Si bien es cierto que esta edición del torneo demostró que el nivel de la zona ha incrementado, con varias selecciones que dieron un par de sorpresas (Martinica, Guadalupe y Haití), además de otras que demostraron que están para pelear por un boleto rumbo al mundial del 2026 (Guatemala y El Salvador), no hay que ser ingenuos y ver la Copa Oro como si fuera el Mundial o la Eurocopa.

            La selección mexicana siempre es candidata para ganar el certamen, y combinado con los factores anteriormente expuestos, aun más en esta edición. Podemos justificar que es un torneo para foguear, al igual que Estados Unidos y Canadá, a sus jóvenes promesas. Pero hay que ser realistas: México no tiene una “selección A” o “selección B”, no contamos con una gran baraja de jugadores jóvenes para crear una selección alternativa como nuestros vecinos del norte. La selección que va a la Copa Oro, salvo un par de excepciones por lesiones, es lo que tenemos para competir en los siguientes cinco a diez años.

            Analizando los resultados de los seis partidos que disputó México, observamos cinco victorias y una derrota. Se gano cuatro a cero a Honduras, tres a uno a Haití y se perdió uno a cero contra Qatar, todos estos en fase de grupos. En cuartos de final se ganó dos a cero contra Costa Rica. En la semifinal, tres a cero a Jamaica. Por último, se derrotó a Panamá uno a cero en la final. Se anotaron trece goles y se concedieron solo dos. A pesar de perder solo en una ocasión, preocupa la manera en la que sucedió, concediendo en la única jugada de peligro que el rival tuvo, y dominando todo el partido sin ser capaces de anotar siquiera un gol.

            Los jugadores que más sobresalieron en esta Copa Oro fueron Jorge Sánchez (muy criticado en los últimos años), Orbelín Pineda (viene de tener una magnífica temporada en Grecia), Cesar Montes y Johan Vázquez (por primera vez pudieron jugar juntos en selección mayor) y Guillermo Ochoa (sigue acrecentando su leyenda en el Tri). Además, el torneo nos demostró que tenemos dos centros delanteros, Henry Martin y Santiago Giménez, que pasan por un buen momento, pero que necesitan de jugadores que les creen oportunidades de gol para poder mostrar su potencial.

            El verano de fútbol internacional de la selección ha concluido, tras un rotundo fracaso en la Nations League, pero una necesaria coronación en la Copa Oro. Muchos cambios y decisiones vendrán en las próximas semanas, empezando por la designación del nuevo director técnico que deberá construir un proyecto con miras a tener una buena participación en la próxima Copa Mundial. Es tiempo también de festejar, pero cometeríamos un grave error al concluir que la selección mexicana ha dejado atrás todos sus problemas, sobre todo hablando de una Copa Oro, probablemente el torneo más engañoso para evaluar al Tri.

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