22 de abril de 2024 7:53 pm
OPINIÓN

Atender la migración

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Por Niels Rosas Valdez


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La Suprema Corte de Estados Unidos de América (EUA) ha señalado que permitirá que el gobierno de Texas pueda aplicar una ley de inmigración que le concede la posibilidad de arrestar y encarcelar a migrantes. Se trata de una de las normativas más duras en cuanto a migración se refiere en el país de las barras y las estrellas. ¿Qué implicaciones tiene esto para el fenómeno migratorio?

Es bien sabido que la economía es un tema que el público estadounidense considera como principal en la agenda política de cualquier gobierno en la Casa Blanca. Sin embargo, a su par también se encuentra el asunto migratorio. Al primer punto, Washington le presta total atención, puesto que, de no hacerlo, todo el país sufriría. En contraste, el segundo suele ser menos o más politizado de acuerdo con el tipo de política llevada por el gobierno en turno y la presión que agentes no estatales ejerzan sobre él.

Para el actual gobierno federal, la migración ha sido un tema central y, si bien no hay muchos ejemplos de una narrativa que la condene, como sucedía en el periodo presidencial anterior, sí podemos encontrar varias acciones que lastiman la protección de la persona migrante. Por otro lado, hay que recordar que las decisiones para ejercer una política anti-inmigratoria no recaen totalmente en Washington, sino que los mismos estados subnacionales pueden dictar una política de tal o cual índole con base en sus intereses.

Tal es el caso de Texas, un estado de la Unión Americana en el que el apoyo al Partido Republicano destaca de manera histórica. Ese soporte público y electoral ha permitido que los gobiernos republicanos en la entidad sean fuertes y conduzcan políticas, en muchos casos, duras y ríspidas en torno a varios temas, entre ellos la migración.

Para el caso de Texas hablar de migración es un asunto delicado, es decir, mientras que para estados como Montana o Minnesota los procesos migratorios no les repercuten en demasía, a entidades de la frontera sur estadounidense les causan un particular malestar por el perfil de persona migrante que busca introducirse a su territorio. Mientras que los estados del norte del país reciben migración canadiense particularmente, los de la frontera opuesta suelen interactuar más con latinoamericanos.

En este contexto, hay dos cuestiones que debemos señalar. La primera es que mientras la migración que recibe EUA en su frontera norte usualmente es regular, la que se efectúa en la del sur tiende a ser irregular. Esto no sólo incide en que el proceso migratorio sea complicado y desordenado, sino que repercute negativamente en cómo la persona migrante realiza la migración misma, es decir, el traslado del lugar de origen al de destino. Por ende, tiende a ser mucho más riesgosa y a vulnerar a las personas.

Por otro lado, es importante no dejar de mencionar que, si bien hay en múltiples ocasiones cooperación y gestos de buena voluntad en el país de acogida y en el llamado “tercer país seguro”, es igual de ineludible reconocer que en muchos casos la demanda de asilo o de recepción de personas migrantes puede superar el recurso con el que se cuenta para atenderles y protegerles. Eso, desde luego, causa malestares y puede ser problemático, sobre todo si no hay una visión humanística de sobrellevar la situación.

Pero a pesar de los esfuerzos de los estados por recibir a migrantes e insertarlos en su población, resulta también impostergable revisar no sólo las causas de la misma migración, sino cómo las atienden los gobiernos de los países cuya población migra.

Sabemos que hay más violencia, inseguridad, falta de oportunidades educativas y laborales, etc., en ciertos lugares. Ahora, podemos preguntarnos: ¿qué hacen los gobiernos de países expulsores para corregir esta situación? ¿En qué medida sus políticas han sido satisfactorias para mejorar las condiciones de vida en general para sus ciudadanos? ¿Qué les falta para proteger a su gente? No es un tema fácil, sino uno delicado, pero si no identificamos responsabilidades, el fenómeno puede seguir creciendo y afectar a más y más personas, particularmente a las mismas que migran.

Artículo originalmente publicado en www.lalupa.mx

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