Las expectativas del sector privado para la economía mexicana llegaron a marzo con una combinación incómoda: más presión esperada sobre la inflación, crecimiento prácticamente estancado en sus pronósticos y un deterioro visible en la percepción sobre el clima de negocios y la inversión. La consulta levantada por Banxico entre 41 grupos de análisis dejó una fotografía donde el ajuste más claro estuvo en precios, no en actividad.
Para el cierre de 2026, la mediana de la inflación general subió de 4.00% a 4.21%, mientras la media pasó de 3.98% a 4.22%. En inflación subyacente, la mediana avanzó de 4.17% a 4.20% y la media de 4.18% a 4.22%. Para 2027, las expectativas siguieron por encima del objetivo de 3%: la mediana de inflación general pasó de 3.75% a 3.80% y la de subyacente se mantuvo en 3.75%, aunque la media de esta última aumentó de 3.73% a 3.80%.
La distribución de probabilidades también se movió hacia arriba. Para la inflación general al cierre de 2026, el intervalo con mayor probabilidad dejó de ser el de 3.6 a 4.0% y pasó al de 4.1 a 4.5%, al que los especialistas asignaron 49% de probabilidad media. En la subyacente ocurrió algo parecido: el rango con mayor peso volvió a ser 4.1 a 4.5%, con 40% de probabilidad media. La señal es clara: el consenso ya no está mirando un cierre de año cercano a 4%, sino más bien arriba de ese nivel.
En crecimiento, en cambio, hubo muy pocos cambios. La mediana para el PIB de 2026 bajó apenas de 1.50% a 1.49% y la media de 1.46% a 1.44%. Para 2027, la mediana subió de 1.80% a 1.82%, mientras la media se movió de 1.81% a 1.79%. Para 2028, la mediana quedó en 1.97% y la media en 1.93%. En otras palabras, el mercado mantiene una expectativa de crecimiento bajo y persistente, sin un cambio de narrativa de fondo.
Aun con esa estabilidad aparente en el dato anual, aumentó la cautela en la trayectoria trimestral. La probabilidad media de que el PIB caiga en el primer trimestre de 2026 respecto al trimestre previo subió de 27.58% a 38.22%. También aumentó para el segundo trimestre de 19.94% a 23.64%, para el tercero de 21.42% a 24.47% y para el primer trimestre de 2027 de 18.31% a 21.60%. El dato no implica que el consenso espere una contracción como escenario base, pero sí revela un mayor nerviosismo sobre la secuencia del crecimiento.
En variables financieras, los cambios fueron menores, aunque con sesgo de cautela. La mediana del tipo de cambio para el cierre de 2026 se mantuvo en 18.10 pesos por dólar y para 2027 bajó de 18.70 a 18.60. La tasa de fondeo esperada al cierre de 2026 y 2027 permaneció en 6.50%, mientras la media subió ligeramente a 6.45% y 6.43%, respectivamente. En Cetes a 28 días, la mediana para 2026 pasó de 6.50% a 6.52%, y en el Bono M a 10 años para ese mismo año avanzó de 8.35% a 8.44%.
También hubo ajustes en otras variables relevantes:
- La expectativa de creación de empleo formal en el IMSS para 2026 subió de 308 mil a 330 mil puestos en mediana.
- La tasa de desocupación esperada para el cierre de 2026 bajó de 2.90% a 2.87% en mediana.
- El déficit económico esperado para 2026 se mantuvo en 3.80% del PIB.
- Los requerimientos financieros del sector público para 2026 permanecieron en 4.30% del PIB en mediana.
- El déficit de cuenta corriente esperado para 2026 pasó de 11,750 a 11,600 millones de dólares en mediana.
- La inversión extranjera directa estimada para 2026 bajó de 41,625 a 41,000 millones de dólares en mediana.
El cambio más delicado estuvo en la percepción del entorno. La proporción de analistas que cree que el clima de negocios empeorará en los próximos seis meses subió de 10% a 20%. Al mismo tiempo, quienes consideran que la economía está mejor que hace un año bajaron de 38% a 33%, y quienes opinan lo contrario subieron a 68%. Más todavía: la fracción que ve la coyuntura actual como un mal momento para invertir pasó de 48% a 53%, mientras la que la considera un buen momento cayó de 3% a 0%.
En los factores que podrían obstaculizar el crecimiento en los próximos seis meses, la principal fuente de preocupación siguió siendo la gobernanza, con 40% de las respuestas, seguida por las condiciones externas y las condiciones económicas internas, ambas con 25%. A nivel puntual, destacaron los problemas de inseguridad pública con 20%, la política sobre comercio exterior con 14%, la ausencia de cambio estructural en México con 11%, así como la corrupción y otros problemas de falta de estado de derecho, con 7% cada uno.
El balance de marzo deja una conclusión precisa: los especialistas no cambiaron de forma importante su pronóstico de crecimiento, pero sí endurecieron su lectura sobre inflación y sobre el entorno para hacer negocios. La economía esperada para 2026 sigue siendo de avance limitado, con precios más incómodos de lo previsto hace apenas un mes y con una confianza más frágil para invertir.



