La confianza del consumidor volvió a debilitarse en marzo y dejó una señal clara de mayor cautela entre los hogares. El Indicador de Confianza del Consumidor se ubicó en 44.1 puntos, con una baja mensual de 0.3 puntos y una caída anual de 2.0 puntos. El dato resume la percepción de las familias sobre su situación económica, la del país y sus expectativas, y en esta ocasión el deterioro vino sobre todo del juicio sobre la economía nacional y de una menor disposición para comprar bienes duraderos.
El movimiento de marzo no fue uniforme. Los componentes relacionados con la situación presente y futura de los integrantes del hogar mostraron una ligera mejoría mensual, pero no alcanzaron para compensar el deterioro en la lectura sobre el país. La percepción sobre la situación económica actual de los miembros del hogar subió a 51.0 puntos, con un avance de 0.2 puntos respecto a febrero, mientras la situación económica esperada del hogar dentro de 12 meses llegó a 56.7 puntos, con un aumento de 0.5 puntos.
La parte más débil estuvo del lado de la economía nacional. La percepción sobre la situación económica del país hoy en día cayó a 38.8 puntos, con una baja mensual de 1.2 puntos y un retroceso anual de 3.3 puntos. A su vez, la situación económica esperada del país dentro de 12 meses se ubicó en 45.1 puntos, sin cambio frente al mes previo, pero con una caída anual de 3.5 puntos. A eso se sumó el componente sobre las posibilidades actuales para comprar bienes duraderos, como muebles, lavadora o televisor, que descendió a 29.1 puntos, también con una baja mensual de 1.2 puntos y anual de 2.0 puntos.
La combinación de estos resultados deja una lectura precisa: los hogares todavía muestran algo de resiliencia cuando evalúan su situación propia, pero mantienen una visión mucho más débil sobre el entorno general del país. Y cuando esa percepción se acompaña de menor disposición para adquirir bienes duraderos, el mensaje apunta a una demanda más prudente y menos expansiva.
Los indicadores complementarios refuerzan ese mismo tono mixto. Hubo algunas mejoras puntuales, pero predominó una sensación de ingresos y margen de maniobra todavía limitada:
- La situación económica personal actual se ubicó en 49.0 puntos, con una baja mensual de 0.2 puntos
- La situación económica personal esperada en 12 meses subió a 55.8 puntos, con un avance de 0.3 puntos
- Las posibilidades actuales de comprar ropa, zapatos y alimentos llegaron a 42.1 puntos, con un alza de 0.3 puntos
- Las posibilidades de salir de vacaciones en los próximos 12 meses aumentaron a 38.8 puntos, con un repunte de 1.7 puntos
- Las posibilidades actuales de ahorrar bajaron a 39.7 puntos, con una caída mensual de 0.6 puntos
También hubo otros datos relevantes para entender el ánimo del consumidor. Las condiciones económicas para ahorrar dentro de 12 meses bajaron a 51.2 puntos. La percepción sobre el comportamiento de los precios en los próximos 12 meses quedó en 16.0 puntos, con un descenso de 0.5 puntos, lo que indica menor confianza en una mejora de esa variable. En contraste, la percepción sobre la situación del empleo en el país en los próximos 12 meses subió a 47.7 puntos, con un avance de 0.6 puntos. La intención de compra de un automóvil se mantuvo en 15.1 puntos y la de comprar, construir o remodelar una casa en 20.3 puntos, ambas todavía en niveles bajos.
La lectura económica del dato es directa. El consumidor mexicano no está mostrando un desplome generalizado en su percepción personal inmediata, pero sí un desgaste más visible cuando evalúa la economía nacional y su capacidad de hacer compras de mayor monto. Esa diferencia importa porque el gasto cotidiano puede resistir algo más, mientras las decisiones de consumo duradero suelen resentir antes la cautela y la pérdida de confianza.
Para los hogares, marzo refleja un entorno en el que persiste la presión sobre el ahorro y sobre las compras relevantes. Para las empresas orientadas al mercado interno, especialmente las vinculadas a bienes duraderos, el dato sugiere una demanda más contenida. Y para la economía en su conjunto, la señal es incómoda: la confianza del consumidor sigue perdiendo fuerza y el deterioro anual ya no está concentrado en un solo componente, sino en la percepción general del país y en la disposición a gastar más.




