24 de septiembre de 2026

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Pre-Criterios 2027 recortan gasto y aprietan margen fiscal

Pre-Criterios 2027 anticipan menos gasto programable, caída de ingresos petroleros y un crecimiento oficial más optimista que el consenso del mercado.

Los Pre-Criterios 2027 dibujan una economía mexicana con un margen fiscal más estrecho, menos ingresos petroleros y una apuesta de crecimiento que luce más optimista que la lectura predominante del mercado. Hacienda mantiene para 2026 un rango de crecimiento de 1.8% a 2.8% y prevé para 2027 uno de 1.9% a 2.9%, pese a que el consenso citado en el propio análisis técnico se ubica en 1.49% para 2026, mientras otras estimaciones colocan el avance en 1.6% y 1.5%.

La señal más delicada no está solo en el crecimiento, sino en las finanzas públicas. Hacienda proyecta que los ingresos presupuestarios pasarán de 23.2% del PIB en 2026 a 22.2% en 2027. Dentro de ese ajuste, los ingresos petroleros caerían de 3.1% del PIB a 2.3%, mientras los no petroleros bajarían ligeramente de 20.1% a 19.9%. Al mismo tiempo, el gasto neto pagado disminuiría de 26.8% del PIB a 25.2%, y el gasto programable se recortaría de 18.6% a 17.0%.

En otras palabras, el gobierno plantea una ruta de consolidación fiscal que descansa en un ajuste relevante del gasto y en una expectativa de recaudación que necesita una economía más dinámica para sostenerse. La propia sensibilidad oficial lo deja claro: un punto porcentual adicional de crecimiento real implicaría 65.7 mil millones de pesos más en ingresos tributarios no petroleros en 2027. Visto al revés, si la actividad se queda por debajo de lo previsto, el espacio fiscal se vuelve todavía más estrecho.

Los principales números de esa ruta para 2027 quedan así:

  • RFSP: de 4.1% del PIB en 2026 a 3.5% en 2027
  • Balance presupuestario: de -3.6% a -3.0% del PIB
  • Balance primario: de 0.5% a 1.1% del PIB
  • SHRFSP: de 54.7% a 55.0% del PIB
  • Costo financiero: se mantiene en 4.1% del PIB
  • Participaciones a entidades federativas y municipios: subirían de 3.9% a 3.9% del PIB, pero con mayor monto nominal

El ajuste fiscal convive, además, con una narrativa oficial que insiste en la inversión como motor de crecimiento. Hacienda plantea un impulso a la infraestructura, vivienda y energía, con un plan de inversión que podría alcanzar 5.6 billones de pesos entre 2026 y 2030, la construcción de 400 mil viviendas y una inversión productiva de Pemex por 425 mil millones de pesos en 2026, equivalente a un aumento de 34% respecto a 2025. El problema es que esa ambición choca con una restricción presupuestaria evidente: el gasto programable baja y el ingreso petrolero pierde peso.

La contradicción importa porque 2025 ya dejó señales de debilidad en la inversión. La inversión pública cayó 18.9%, la privada retrocedió 4.0%, la construcción bajó 4.6% y la inversión en maquinaria y equipo disminuyó 8.1%. Es decir, el punto de partida no es precisamente holgado. Por eso el debate de fondo no es solo cuánto quiere invertir el gobierno, sino de dónde saldrán los recursos para hacerlo sin abrir más el boquete fiscal.

También hay una presión adicional del lado petrolero. Para 2026, Hacienda subió el precio estimado de la mezcla mexicana a 77.3 dólares por barril, pero bajo el supuesto conservador de que el conflicto en Medio Oriente no dure más de dos meses. A la vez, mantiene una plataforma de producción de 1,794 mil barriles diarios para 2026 y 1,806 mil barriles diarios para 2027. Esa combinación vuelve frágil una parte del escenario macrofiscal: basta con que el conflicto dure más, la producción no responda o el crecimiento sea menor para que las cuentas vuelvan a apretarse.

El impacto no se quedaría en la Federación. Buena parte de los gobiernos estatales depende de transferencias federales y tiene una capacidad recaudatoria propia muy baja. Cuando el crecimiento se desacelera y el margen fiscal federal se comprime, también se reduce la holgura para inversión local, obra pública y servicios cercanos a la población. Ahí está uno de los silencios más costosos del panorama fiscal: sin más ingresos propios en estados y municipios, el ajuste nacional termina bajando hasta el territorio.

Los Pre-Criterios 2027 no describen una crisis inmediata, pero sí una ruta más angosta. Menos ingresos, menor peso del petróleo, recorte al gasto programable y una apuesta optimista por el crecimiento forman una mezcla que deja poco margen de error. Si la economía no acelera como Hacienda espera, el problema ya no será solo crecer poco, sino intentar hacerlo con menos espacio fiscal y con una inversión que sigue sin encontrar una base suficientemente sólida.

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