La inflación en México mostró una moderación marginal en la primera quincena de abril, pero todavía sin ofrecer una señal de alivio suficiente para los hogares. El Índice Nacional de Precios al Consumidor subió 0.11% quincenal y dejó la tasa anual en 4.53%, por debajo del 4.59% observado en marzo, aunque claramente por encima del 3.96% registrado en el mismo periodo de 2025.
El movimiento de la quincena tuvo una composición mixta. La parte subyacente, que refleja mejor la tendencia de fondo de los precios, aumentó 0.18% quincenal y se ubicó en 4.27% anual. Dentro de ella, las mercancías subieron 0.25% y los servicios 0.12%. La parte no subyacente cayó 0.13% en la quincena, pero aun así mostró una tasa anual de 5.41%, superior tanto a la inflación general como a la subyacente.
El dato más incómodo volvió a estar en los alimentos frescos. Dentro del componente no subyacente, los agropecuarios aumentaron 1.38% quincenal y 8.68% anual. En particular, las frutas y verduras subieron 4.29% en la quincena y ya acumularon una variación anual de 23.03%. En contraste, los pecuarios bajaron 0.90% quincenal y mostraron una tasa anual de -0.84%. Esa diferencia confirma que la presión más fuerte sigue viniendo del lado de productos agrícolas de alta volatilidad.
Al mismo tiempo, los energéticos ayudaron a contener el avance general. Los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno bajaron 1.34% quincenal; dentro de ese rubro, los energéticos cayeron 2.51%. El principal factor detrás de ese ajuste fue la baja de 14.00% en la electricidad, asociada al inicio del esquema de tarifas de temporada cálida en 18 ciudades del país. Sin ese efecto, la inflación quincenal habría sido más pesada.
Los productos con mayor incidencia al alza fueron jitomate, con un incremento de 24.37% y una incidencia de 0.205 puntos; chile serrano, con 21.94%; autobús urbano, con 3.34%; vivienda propia, con 0.17%; y papa y otros tubérculos, con 6.92%. Del lado contrario, las bajas más relevantes se observaron en electricidad, con -14.00%; tomate verde, con -26.86%; transporte aéreo, con -11.65%; pollo, con -1.77%; y huevo, con -2.59%.
La clasificación por finalidades del consumo también deja ver que la presión no fue homogénea. Alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron 0.75% quincenal y 6.68% anual, mientras restaurantes y servicios de alojamiento avanzaron 0.16% y 6.97% anual. En contraste, vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles cayó 0.90% en la quincena, aunque todavía mostró una variación anual de 3.10%.
La canasta de consumo mínimo volvió a dar una señal más dura que el promedio. En la primera quincena de abril creció 0.22% y alcanzó una tasa anual de 4.73%, por encima del 4.53% de la inflación general. Eso implica que el gasto básico siguió encareciéndose a un ritmo mayor que el promedio de la canasta total, una señal especialmente sensible para los hogares con menor margen de ingreso.
También hubo diferencias territoriales marcadas. Entre las entidades con mayores alzas estuvieron Durango, con 0.58%; Jalisco, con 0.51%; y Chihuahua, con 0.45%. Del lado opuesto destacaron Tabasco, con -1.67%; Quintana Roo, con -0.63%; y Yucatán, con -0.63%, con un claro efecto de las tarifas eléctricas estacionales.
La lectura del dato es clara: la inflación bajó un poco, sí, pero el alivio vino más por electricidad y energéticos que por una corrección amplia de los precios más sensibles para el consumo diario. Mientras frutas, verduras y comida sigan empujando al alza, la moderación de la inflación general seguirá sintiéndose mucho menos en el bolsillo que en la estadística.



