La actividad económica en México volvió a dar una señal de debilidad en febrero. Aunque el Indicador Global de la Actividad Económica logró un avance de 0.1% frente a enero, en la comparación anual retrocedió 0.3%, con lo que confirmó un arranque de año todavía frágil y con un peso claro de la debilidad industrial.
El nivel general del indicador se ubicó en 104.7 puntos con base 2018=100. El dato deja una lectura incómoda: la economía evitó una caída mensual más profunda, pero no consiguió sostener crecimiento frente al mismo mes del año pasado. Esa combinación suele reflejar una actividad que sigue moviéndose, aunque con poco impulso y con sectores clave todavía rezagados.
Por grandes grupos de actividad, el comportamiento fue mixto. Las actividades secundarias crecieron 0.4% mensual, mientras las terciarias cayeron 0.1% y las primarias retrocedieron 0.3%. Sin embargo, en la comparación anual la fotografía fue menos favorable: las secundarias bajaron 1.3%, las terciarias apenas avanzaron 0.2% y las primarias crecieron 2.3%.
Ahí está el núcleo del problema. La economía no se está cayendo de manera generalizada, pero el sector industrial sigue restando fuerza y los servicios, que suelen amortiguar los tropiezos, apenas lograron sostenerse. De hecho, el retroceso anual del indicador total estuvo marcado por el mal desempeño de ramas manufactureras y por caídas en varios servicios que habían mostrado más resistencia en otros momentos.
Dentro de las actividades secundarias, los movimientos más relevantes fueron:
- Minería: 0.6% mensual y 0.9% anual
- Electricidad, agua y gas: -1.4% mensual y -1.4% anual
- Construcción: 0.3% mensual y 1.2% anual
- Industrias manufactureras: 0.7% mensual y -2.3% anual
La manufactura volvió a ser el eslabón más débil del bloque industrial. Aun con un repunte mensual de 0.7%, en términos anuales cayó 2.3%, lo que confirma que la recuperación en el margen todavía no alcanza para cambiar la tendencia de fondo. La construcción, en cambio, mantuvo una mejor posición relativa con un alza anual de 1.2%, mientras la minería siguió en terreno positivo.
En los servicios también hubo una mezcla desigual. El comercio al por menor avanzó 0.8% mensual y 1.5% anual; los servicios inmobiliarios crecieron 0.3% mensual y 1.5% anual; y los servicios financieros subieron 1.0% anual. Pero varios segmentos relevantes siguieron deteriorándose. El comercio al por mayor cayó 0.7% mensual y 1.3% anual; los servicios profesionales, científicos y técnicos apenas crecieron 0.1% en el mes, pero se desplomaron 7.3% anual; los servicios de esparcimiento retrocedieron 4.8% mensual y 7.0% anual; y los servicios de alojamiento y preparación de alimentos y bebidas bajaron 1.3% mensual y 3.2% anual.
Ese desglose importa porque muestra que la debilidad no se concentra en una sola esquina de la economía. Hay ramas que siguen creciendo, sí, pero el avance es demasiado disperso y demasiado modesto como para compensar el deterioro de manufacturas, mayoristas y varios servicios ligados al gasto empresarial, recreativo y turístico.
Las cifras originales refuerzan esa misma lectura. En el acumulado de enero y febrero, el IGAE también cayó 0.3% anual. Dentro de ese balance, las actividades primarias crecieron 2.0%, las secundarias retrocedieron 1.2% y las terciarias apenas subieron 0.1%. La manufactura acumuló una baja de 2.6%, mientras la construcción todavía mantuvo un aumento de 2.4%.
La conclusión del dato es bastante clara. La economía mexicana sigue avanzando con una velocidad muy limitada. El ligero aumento mensual de febrero evitó una señal más negativa en el corto plazo, pero la caída anual confirma que el problema de fondo no desapareció. Mientras la industria continúe rezagada y los servicios no logren tomar más fuerza, la actividad económica seguirá atrapada en una zona de crecimiento casi detenido.



