El mercado laboral mexicano volvió a mostrar en marzo una combinación incómoda: más personas ocupadas, sí, pero también más desempleo, menor participación y un deterioro en varios indicadores de calidad del trabajo. La población económicamente activa llegó a 61.6 millones de personas, lo que significó un aumento anual de 558 mil, mientras la población ocupada alcanzó 60.2 millones, con un crecimiento de 422 mil frente a marzo de 2025.
A primera vista, el dato podría parecer positivo. Sin embargo, la tasa de participación económica bajó de 59.3% a 58.6%, lo que significa que una proporción menor de personas de 15 años y más estuvo trabajando o buscando empleo. Al mismo tiempo, la población desocupada aumentó de 1.4 millones a 1.5 millones, y la tasa de desocupación pasó de 2.2% a 2.4%. En otras palabras, hubo más empleo, pero también más personas sin trabajo y una menor incorporación relativa al mercado laboral.
La lectura se vuelve todavía más delicada cuando se revisa la calidad de la ocupación. La tasa de subocupación subió de 6.6% a 6.7%, lo que equivale a 4.0 millones de personas que necesitan y están disponibles para trabajar más horas. La tasa de condiciones críticas de ocupación escaló de 38.4% a 39.6%, y la tasa de informalidad laboral pasó de 54.3% a 54.8%. Esto significa que el crecimiento del empleo no se tradujo automáticamente en mejores condiciones de inserción laboral.
La composición del empleo también deja señales importantes. De los 60.2 millones de personas ocupadas, 41.5 millones trabajaron como subordinadas y remuneradas, 13.5 millones por cuenta propia, 3.2 millones como empleadoras y 1.9 millones en actividades no remuneradas. Aunque hubo aumentos en casi todas esas categorías, el avance fue modesto en el trabajo asalariado, con apenas 42 mil personas más, frente a aumentos de 149 mil en empleadores, 119 mil en trabajo por cuenta propia y 111 mil en no remunerados.
Por sector de actividad, el empleo se distribuyó así:
- Servicios: 27.0 millones de personas
- Comercio: 11.9 millones
- Industria manufacturera: 9.4 millones
- Agricultura, ganadería, silvicultura, caza y pesca: 6.3 millones
- Construcción: 4.6 millones
- Otras actividades económicas: 417 mil
Los mayores aumentos anuales en ocupación se concentraron en agricultura, con 452 mil personas más; servicios diversos, con 322 mil; comercio, con 227 mil; y restaurantes y servicios de alojamiento, con 203 mil. Del lado opuesto, las caídas más fuertes estuvieron en transportes, comunicaciones, correo y almacenamiento, con 238 mil personas menos; servicios sociales, con 171 mil; industria manufacturera, con 149 mil; y gobierno y organismos internacionales, con 125 mil menos.
También hubo cambios relevantes en la estructura de ingresos. La población ocupada que percibe más de 1 hasta 2 salarios mínimos aumentó en 3.97 millones de personas, mientras quienes ganan hasta un salario mínimo crecieron en 458 mil. El grupo de más de 2 hasta 3 salarios mínimos avanzó en 449 mil. Aunque este movimiento puede sugerir una recomposición salarial, también convive con un aumento en condiciones críticas de ocupación, lo que indica que el problema del mercado laboral no está solo en tener empleo, sino en la calidad efectiva de ese empleo.
La informalidad siguió siendo uno de los puntos más pesados del panorama. En marzo, 33.0 millones de personas trabajaron en condiciones de informalidad laboral. Además, la ocupación en el sector informal llegó a 17.7 millones, equivalente a 29.4% de la población ocupada. En áreas urbanas, la informalidad laboral fue de 43.7%, una cifra que sigue siendo demasiado alta para un mercado laboral que presume creación de empleo.
Por sexo, el deterioro fue más visible entre las mujeres en algunos indicadores clave. La tasa de desocupación femenina subió de 2.3% a 2.7%, mientras la masculina se mantuvo en 2.2%. La tasa de participación de las mujeres bajó de 45.6% a 45.1%, y la de los hombres pasó de 75.0% a 73.8%. Al mismo tiempo, la informalidad femenina aumentó de 54.8% a 56.5%, mientras la masculina bajó ligeramente de 54.0% a 53.7%.
Con cifras desestacionalizadas, el panorama tampoco se ve particularmente robusto. A nivel nacional, la tasa de participación fue de 58.8%, la de desocupación de 2.8% y la de informalidad laboral de 55.0%. En el agregado urbano de 32 ciudades, la desocupación llegó a 3.4% y la informalidad a 44.1%, ambas por encima de un año antes.
El balance de marzo deja una conclusión bastante clara: el empleo siguió creciendo en términos absolutos, pero el mercado laboral no mejoró en la misma proporción. Menor participación, más desocupación, más informalidad y más condiciones críticas de ocupación dibujan un escenario donde el problema ya no es solo cuántos trabajan, sino en qué condiciones lo hacen.



