La CEPAL ajustó al alza la previsión de crecimiento de México para 2026 y la colocó en 1.5%, en un contexto donde la mayor parte de América Latina y el Caribe enfrenta una desaceleración. El dato resulta relevante porque rompe parcialmente con el tono regional del informe: mientras el organismo redujo su proyección promedio para la región de 2.3% a 2.2%, en el caso mexicano la expectativa mejoró frente al 1.3% que se tenía en diciembre y quedó por encima del 0.8% observado en 2025.
El contraste no es menor. La nueva actualización plantea que la mayoría de las economías latinoamericanas perderá fuerza este año y que 24 de los 33 países de la región mostrarán una desaceleración respecto de 2025. En ese entorno, México aparece con una revisión favorable, aunque todavía dentro de un rango de crecimiento modesto y lejos de un escenario expansivo.
El documento ubica a América Central y México con un crecimiento de 1.7% en 2026, por encima del 1.2% de 2025. Dentro de ese bloque, la economía mexicana sería una de las que empujan el promedio, aunque el propio panorama regional deja claro que la mejora no ocurre en un entorno cómodo, sino en medio de mayores tensiones geopolíticas, inflación global más persistente y condiciones financieras menos favorables.
La lectura sobre México obliga, por tanto, a evitar triunfalismos. Sí, la previsión subió de 1.3% a 1.5%, pero sigue siendo una expansión baja para las necesidades de inversión, empleo y crecimiento del país. Más todavía cuando el entorno que describe la CEPAL es claramente más restrictivo que el de finales del año pasado.
Entre los factores que están complicando el escenario regional destacan el conflicto bélico en Medio Oriente, una mayor volatilidad en mercados financieros y de materias primas, así como el encarecimiento global de la energía y los alimentos. El precio promedio del petróleo en las tres primeras semanas de abril se ubicó 74% por encima del promedio de diciembre de 2025, lo que elevó presiones inflacionarias y costos de producción y transporte. A eso se suma una desaceleración de socios comerciales relevantes y un menor dinamismo del comercio mundial, para el que la OMC proyecta un crecimiento de 2.7% en 2026, después del 4.7% registrado en 2025.
Para México, ese punto pesa especialmente. Una economía tan vinculada al comercio exterior y a las cadenas manufactureras no queda al margen de un menor dinamismo global, de mayores costos logísticos ni de condiciones financieras más tensas. Por eso, aunque la revisión de la CEPAL mejora la previsión mexicana, el contexto que acompaña esa mejora es frágil y con riesgos claros a la baja.
El organismo también advierte que el crecimiento regional estará limitado por una demanda interna contenida, especialmente por un menor dinamismo del consumo privado. La inversión muestra señales de recuperación, pero todavía moderadas. Esa combinación también dialoga con el caso mexicano, donde el crecimiento esperado para 2026 sigue dependiendo de una economía que no encuentra todavía motores lo suficientemente robustos para acelerar con claridad.
En empleo, la CEPAL prevé para la región una expansión de apenas 1.1% en 2026, después del 1.5% de 2025. Al mismo tiempo, anticipa una inflación regional mediana por encima de 3%, frente al 2.4% del año pasado. Es decir, incluso si México mejora algo su previsión, lo hará en una región donde el empleo perderá empuje y los precios volverán a presionar más.
El mensaje de fondo es claro. La revisión al alza para México es una buena noticia relativa dentro de un panorama latinoamericano más débil, pero sigue describiendo una economía de crecimiento bajo. Pasar de 1.3% a 1.5% mejora la expectativa, sí, pero no cambia la historia de fondo: el país crecería más que en 2025, aunque todavía con una velocidad insuficiente para hablar de un verdadero despegue.



