La actividad turística en México cerró 2025 con un avance moderado, sostenido más por el gasto dentro del país que por la demanda del exterior. En el cuarto trimestre, el Producto Interno Bruto turístico aumentó 1.2% respecto al trimestre previo y 0.9% en comparación anual, mientras el consumo turístico interior subió 1.0% trimestral y 1.2% anual.
El dato deja una lectura clara: el turismo siguió avanzando al cierre del año, pero lo hizo sin una expansión particularmente acelerada. El motor principal estuvo en los servicios turísticos y, del lado del gasto, en el consumo interno. En cambio, el componente receptivo mostró una señal mucho más débil en la comparación anual.
Dentro del PIB turístico, los servicios fueron el segmento con mejor desempeño en el trimestre. Su crecimiento fue de 1.5% frente al tercer trimestre de 2025 y de 1.0% anual. En contraste, los bienes turísticos no mostraron variación trimestral y apenas avanzaron 0.6% respecto al mismo periodo de 2024. Esa diferencia sugiere que el cierre del año fue más favorable para actividades ligadas a la prestación de servicios que para la producción de bienes vinculados al sector.
La composición del consumo turístico interior también ayuda a entender mejor la trayectoria del trimestre. Tanto el consumo interno como el receptivo crecieron 1.0% frente al trimestre previo. Sin embargo, en la comparación anual el comportamiento fue muy distinto: el consumo interno aumentó 3.5%, mientras el receptivo cayó 9.4%. Eso significa que el gasto de los residentes dentro del país fue el principal sostén del turismo, mientras el componente asociado a visitantes del exterior perdió fuerza.
Las cifras originales refuerzan esa misma lectura. El índice del PIB turístico se ubicó en 109.2 puntos en el cuarto trimestre de 2025, con una variación anual de 1.3%. A su interior, los bienes alcanzaron 107.6 puntos y crecieron 0.8%, mientras los servicios llegaron a 109.6 puntos y avanzaron 1.4%. Del lado del gasto, el consumo turístico interior se colocó en 104.4 puntos y subió 1.4% anual; el interno llegó a 105.2 puntos con un aumento de 3.7%; y el receptivo quedó en 100.8 puntos, con una baja de 8.9%.
En otras palabras, el turismo mexicano cerró 2025 en terreno positivo, pero con una composición desigual. El sector logró crecer, sí, aunque con una dependencia clara del viajero residente. Esa diferencia importa porque el gasto interno suele ser un soporte más estable, pero una caída del turismo receptivo limita la capacidad del sector para ampliar divisas, elevar derrama en destinos más expuestos al visitante extranjero y fortalecer segmentos de mayor valor agregado.
La trayectoria reciente también muestra un comportamiento más contenido que en fases previas de recuperación. Después de los repuntes más intensos observados tras la pandemia, el turismo parece haber entrado en una etapa de expansión más lenta, con avances trimestrales positivos, pero sin saltos de gran magnitud. El cuarto trimestre encaja en esa lógica: crecimiento, sí, pero de menor velocidad.
Para la economía mexicana, la señal es relevante. El turismo sigue aportando actividad y consumo, especialmente por el lado de los servicios, pero el cierre de 2025 también deja una advertencia: la fortaleza del mercado interno está compensando una debilidad del componente receptivo. Mientras esa asimetría persista, el sector podrá seguir avanzando, aunque con un impulso más limitado de lo que permitiría una recuperación más pareja entre turismo nacional y turismo proveniente del exterior.



