Hace unos meses tuve la oportunidad de ir a Montreal, Canadá a un evento académico muy significativo para mí. Aproveché el viaje y me quedé ahí algunos días.
Montreal se caracteriza porque su población es mayoritariamente estudiantil y muy diversa en culturas y orígenes. Además, cuenta con una oferta cultural amplia y la ciudad en sí está llena de historia y es muy bonita. También podemos decir que cuenta con un clima extremo que puede ir desde los menos 35ºC en invierno hasta los 35ºC en verano. Su oferta gastronómica es muy variada y rica y los canadienses son amables en su enorme mayoría.
La juventud siempre da vida a las ciudades, alegría, energía, movimiento y es algo que en lo personal me gusta mucho. Al ser una ciudad estudiantil no pude dejar de asombrarme de la soledad que experimentan muchos de estos jóvenes. Los ves en la calle todos con sus audífonos puestos, caminando aislados de lo que pasa a su alrededor. Comiendo solos, estudiando solos, en general haciendo su vida solos.
Sé que muchos dirán: bueno, pues si son estudiantes no siempre los horarios concuerdan con los amigos, algunos prefieren estudiar solos, si son estudiantes internacionales tal vez no hayan todavía hecho amigos… y aunque estos argumentos todos son ciertos, a mí no me dejó de impresionar la soledad a la que estos muchachos se enfrentan cada día. Esto lo pude comprobar el día de la ceremonia, donde muchos chicos estaban solos, sus familias no los pudieron acompañar, por la causa que cada quien deseé pensar y en un evento tan importante era más notoria dicha carencia.
Para sumar a mi sorpresa, aprendí que en una institución educativa de nivel superior existe una mascota, en este caso un perro de raza cocker spaniel, cuya función es ser acariciado por los estudiantes para bajar la ansiedad que sufren. Esto lo considero una buena forma de estar pendientes de los estados anímicos de los estudiantes, pero no deja de sorprenderme la fragilidad emocional y psicológica de los jóvenes de hoy. En mi época eso ni existía.
Hoy en día donde la tecnología nos tiene encadenados a estar hipervigilantes de los mensajes que recibimos, de las personas desconocidas que desean contactar con nosotros por las redes sociales, donde puedes dar clases a distancia se podría pensar que las personas no estarían aisladas, estarían comunicándose con otros seres humanos y que la soledad no sería un tema a tratar o que fuese evidente. Pero en este caso, en mi experiencia vivida esto es una contradicción, una paradoja ya que las personas están cada vez más solas a pesar de la existencia de tantas herramientas de comunicación.
La tecnología, por excelente que sea, nunca podrá substituir una mirada interesada en una persona, la calidez de un abrazo o de un apapacho, la empatía a los sentimientos del otro, el hacer sentir auténticamente importante al otro, no por sus logros académicos o laborales, sino por ser esa persona única e irrepetible.
Y me pregunto: ¿qué estamos haciendo mal para que exista tanta soledad en la sociedad? ¿Qué podemos hacer para revertirla o resolverla? ¿Cómo acompañarnos como humanos para evitar este mal de nuestra especie? ¿Cómo ayudarnos con la tecnología a convivir de manera eficiente y real? Espero me ayuden a encontrar respuestas viables.



