24 de septiembre de 2026

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Intereses altos ahogan el margen fiscal en América Latina

La deuda se estabilizó en América Latina, pero los altos pagos de intereses siguen recortando el margen fiscal y desplazando inversión pública.

La deuda pública de América Latina y el Caribe ya no está creciendo al ritmo del choque pandémico, pero eso no significa que la región haya recuperado aire fiscal. El verdadero problema hoy no es solo cuánto deben los gobiernos, sino cuánto les cuesta sostener esa deuda en un entorno de tasas todavía elevadas, crecimiento mediocre y financiamiento más caro que en la década pasada.

El diagnóstico del Banco Mundial es claro: los déficits fiscales siguen siendo persistentes en buena parte de la región, incluso en países que han mejorado su balance primario. La razón es sencilla y pesada a la vez: los pagos de intereses continúan presionando las finanzas públicas y reduciendo el espacio para gasto prioritario, infraestructura y programas sociales.

La región logró estabilizar sus ratios de deuda después del salto provocado por la pandemia, pero esos niveles siguen siendo elevados frente a los estándares históricos. Y con un crecimiento regional previsto de apenas 2.1% en 2026, regresar a los niveles previos a 2020 luce improbable sin una combinación de mayor consolidación fiscal y un crecimiento potencial bastante más robusto.

El problema no es solo contable, sino de composición del gasto. El Banco Mundial advierte que el gasto corriente tiende a expandirse en las fases favorables y a ser rígido cuando la economía se complica. Eso obliga a recortar lo más fácil de recortar: la inversión pública. El resultado es conocido y bastante caro en el largo plazo: menos obra, menos infraestructura, menor resiliencia y una capacidad más débil para sostener el crecimiento futuro.

En varios países, el servicio de la deuda ya absorbe una porción importante del gasto público total. Eso significa que, antes de hablar de nuevos proyectos, expansión social o impulso al crecimiento, una parte relevante del presupuesto se va primero a pagar intereses. Y cuando eso ocurre de manera prolongada, el Estado empieza a operar con una lógica más defensiva que estratégica.

El informe identifica algunas excepciones parciales. Argentina ha logrado una reducción significativa de la deuda pública a partir de un ajuste fiscal fuerte concentrado en el gasto. Ecuador, por su parte, avanzó con una consolidación apoyada en ingresos, reforma de subsidios y recomposición de colchones de liquidez. Pero incluso ahí, el mensaje no es de misión cumplida, sino de fragilidad todavía presente.

La advertencia regional es más amplia. Los costos de financiamiento siguen por encima de los mínimos de la década de 2010 y con diferencias marcadas entre países. Las primas de riesgo continúan respondiendo a la credibilidad de las políticas, a la fortaleza de las anclas fiscales y a la percepción del mercado sobre la capacidad de sostener una trayectoria ordenada de deuda.

Por eso el Banco Mundial insiste en la importancia de marcos fiscales creíbles. Las reglas fiscales bien diseñadas, combinadas con anclas de deuda claras, cláusulas de escape bien definidas y supervisión independiente, pueden ayudar a contener primas de riesgo y proteger la inversión pública. El punto es relevante: no se trata solo de prometer disciplina, sino de construir instituciones que hagan creíble esa disciplina cuando el entorno se complica.

También del lado de los ingresos hay una crítica implícita al modelo vigente. El informe sugiere avanzar hacia bases tributarias más amplias y neutrales, revisar la mezcla impositiva y fortalecer instrumentos más compatibles con el crecimiento. En otras palabras, no basta con cobrar más; importa también cómo se cobra y cuánto se distorsiona inversión, formalidad y actividad productiva en el proceso.

La conclusión es incómoda pero bastante precisa. América Latina no está atrapada únicamente por el tamaño de su deuda, sino por la combinación de intereses altos, bajo crecimiento y gasto rígido. Mientras eso no cambie, el margen fiscal seguirá siendo estrecho y la inversión pública continuará siendo la variable de ajuste favorita de gobiernos que cada año tienen menos espacio para equivocarse.

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