24 de septiembre de 2026

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Banxico se divide y deja abierta otra baja de tasa

La minuta Banxico mostró una votación dividida, más cautela por inflación y la posibilidad de un recorte adicional tras bajar la tasa a 6.75%.

La minuta más reciente de Banxico dejó una señal doble para el mercado: el banco central sigue recortando la tasa, pero el margen para continuar ya no luce tan amplio ni tan cómodo. La Junta de Gobierno redujo por mayoría de 25 puntos base la tasa de interés a 6.75%, en una votación dividida de 3 a 2, y dejó abierta la puerta a un ajuste adicional más adelante, siempre que el entorno macroeconómico y financiero lo permita.

El detalle importa porque la decisión no estuvo respaldada por un consenso sólido. Victoria Rodríguez Ceja, José Gabriel Cuadra García y Omar Mejía Castelazo votaron por bajar la tasa, mientras Galia Borja Gómez y Jonathan Heath optaron por mantenerla en 7.00%. Esa división mostró con claridad que dentro del banco central ya no hay una lectura uniforme sobre el equilibrio entre desaceleración económica e inflación.

El argumento de la mayoría descansó en tres elementos. Primero, la debilidad de la actividad económica. Banxico subrayó que el PIB de 2025 creció apenas 0.56% y que, aunque en el cuarto trimestre del año pasado la economía mostró una mejora de 0.86% trimestral, esa recuperación se debilitó de nuevo al inicio de 2026. El IGAE de enero cayó 0.92% mensual, con retrocesos en manufacturas y en varias actividades terciarias. A eso se sumó una inversión que siguió floja: en 2025 se contrajo 6.4%, con caídas marcadas en maquinaria y equipo.

Segundo, la Junta observó que la inflación general subió, pero por factores que la mayoría considera transitorios. Entre enero y la primera quincena de marzo, la inflación pasó de 3.79% a 4.63%. Sin embargo, el componente subyacente bajó de 4.52% a 4.46%, mientras el no subyacente se disparó de 1.39% a 5.18%. La presión más fuerte vino del rubro agropecuario, cuya inflación saltó de 1.52% a 9.69%, empujada por frutas y verduras, que pasaron de -1.84% a 23.91%.

Ahí estuvo una parte central del debate. La mayoría sostuvo que el repunte inflacionario se explicó en gran medida por un choque de oferta concentrado en pocos productos, especialmente jitomate y tomate verde, y que ese tipo de presiones tiende a disiparse. También consideró que los ajustes fiscales de inicio de año no generaron efectos de segundo orden y que los aranceles todavía no muestran un impacto relevante en los precios al consumidor.

La lectura de los disidentes fue bastante más dura. Para ellos, el banco central está enfrentando una inflación más persistente, con una subyacente que sigue lejos de una trayectoria claramente descendente y con un nuevo riesgo externo que complica el panorama: el conflicto en Medio Oriente. Heath, en particular, advirtió que pausar no costaba nada y que recortar en este momento podía transmitir una señal equivocada de menor firmeza frente al mandato prioritario de estabilidad de precios.

No es una advertencia menor. La propia Junta reconoció que la incertidumbre global aumentó y que el conflicto geopolítico ya elevó las referencias internacionales del petróleo, del gas natural y de varios fertilizantes. Banxico observó que el petróleo Brent llegó a cotizar por arriba de 100 dólares por barril, que la referencia europea del gas subió 85% y que algunos fertilizantes aumentaron más de 30%. Aun así, la mayoría estimó que el traspaso a México puede ser más acotado por dos razones: la amplia holgura de la economía y las medidas internas para amortiguar el impacto en combustibles.

En los mercados, el contexto tampoco fue menor. Desde la decisión previa, el peso se depreció 2.51%, al pasar por un rango de 17.09 a 18.08 pesos por dólar, y las tasas de los bonos gubernamentales subieron entre 10 y 50 puntos base en los plazos medios y largos. Esa reacción confirmó que el recorte no ocurrió en un entorno de calma, sino en medio de mayor volatilidad externa y de un ajuste al alza en la compensación por inflación y riesgo inflacionario.

La minuta también dejó ver que Banxico sigue mirando una economía débil, pero no colapsada. El consumo privado mantuvo resiliencia durante 2025, aunque con menor fuerza, mientras el mercado laboral mostró enfriamiento gradual. El crecimiento del empleo formal siguió limitado y la tasa de participación continuó bajando, al tiempo que la informalidad avanzó. Es decir, el banco central ve una economía con menos dinamismo, pero con focos de presión que todavía no desaparecen del todo.

La señal final es clara: Banxico no cerró el ciclo de recortes, pero sí lo volvió más incierto. La mayoría todavía ve margen para una baja adicional, mientras que la minoría ya pidió una pausa frontal. Después de esta minuta, el mensaje para el mercado es menos lineal que antes: la tasa bajó a 6.75%, pero el debate interno ya dejó de ser sobre cuánto recortar y empezó a girar sobre si todavía conviene hacerlo.

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