24 de septiembre de 2026

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IMEF ve estancamiento con manufactura menos débil

El Indicador IMEF de abril confirmó estancamiento económico: la manufactura mejoró, pero siguió en contracción y los servicios mantuvieron una debilidad general.

La economía mexicana arrancó el segundo trimestre sin una señal clara de recuperación. Los indicadores de abril muestran una mezcla incómoda: la manufactura dejó ver una mejoría relevante, pero todavía insuficiente para hablar de expansión, mientras el sector no manufacturero siguió reflejando una dinámica frágil. El balance general es uno de estancamiento prolongado, con algunos destellos de estabilización, pero todavía sin una tendencia sólida de crecimiento.

El Indicador IMEF Manufacturero subió de 47.6 a 49.0 puntos en abril, un avance de 1.4 unidades respecto a marzo. Aun así, permaneció por debajo del umbral de 50 puntos, es decir, en zona de contracción. La serie de tendencia-ciclo también mejoró, al pasar de 47.8 a 48.2 puntos, lo que sugiere que la caída del sector industrial perdió algo de fuerza, aunque todavía no cambia de signo.

La mejoría manufacturera vino sobre todo por el lado operativo. Los componentes más relevantes mostraron el siguiente comportamiento:

  • Nuevos pedidos: de 46.0 a 50.0 puntos
  • Producción: de 48.1 a 50.8 puntos
  • Empleo: de 46.3 a 46.8 puntos
  • Entrega de productos: de 49.0 a 48.8 puntos
  • Inventarios: de 49.1 a 48.6 puntos

El dato más favorable fue el de producción, que logró entrar a terreno expansivo, mientras nuevos pedidos alcanzó justo el umbral de 50. Eso sugiere una menor intensidad en la fase contractiva y una mejor lectura de la demanda inmediata. Sin embargo, el empleo siguió claramente por debajo de la zona de expansión, y tanto entregas como inventarios continuaron mostrando debilidad. En otras palabras, la industria mejoró, sí, pero todavía no lo suficiente como para hablar de una recuperación sostenida.

El cuadro no manufacturero fue menos alentador. El Indicador IMEF No Manufacturero bajó marginalmente de 49.0 a 48.9 puntos, mientras su serie de tendencia-ciclo retrocedió de 49.3 a 49.1. La medición ajustada por tamaño de empresa cayó con más fuerza, de 51.1 a 49.4 puntos, lo que implica un regreso a terreno contractivo y una pérdida de tracción más extendida entre segmentos del sector.

En el desglose de servicios y comercio también hubo señales mixtas:

  • Nuevos pedidos: de 48.2 a 49.2 puntos
  • Producción: de 47.0 a 50.1 puntos
  • Empleo: de 49.6 a 47.5 puntos
  • Entrega de productos: de 51.4 a 48.3 puntos

Aquí el avance de producción resultó importante, pero no alcanzó para compensar el deterioro del empleo y de la entrega de productos. El mensaje de fondo es que el sector no manufacturero dejó de deteriorarse al mismo ritmo, pero sigue sin encontrar una pendiente ascendente convincente. La fragilidad permanece.

Todo esto encaja con el dato más duro del momento: en el primer trimestre de 2026, la actividad económica cayó 0.8% trimestral y apenas creció 0.2% anual. La contracción fue generalizada: agricultura bajó 1.4%, industria 1.1% y servicios 0.6% frente al trimestre previo. Es decir, los indicadores de abril no aparecen en el vacío; llegan después de un arranque de año claramente débil.

El diagnóstico de coyuntura también señala que el problema no empezó en 2026. Durante 2025, el PIB creció solo 0.8% en términos ajustados por estacionalidad, afectado por un descenso marcado en la inversión, un ajuste al gasto público, incertidumbre que pesó sobre la inversión privada y una moderación del consumo. Las exportaciones fueron el principal soporte del crecimiento, impulsadas por la demanda estadounidense de productos tecnológicos hechos en México, pero ese motor no alcanzó para compensar la debilidad interna.

A esa atonía se sumó un entorno inflacionario más incómodo. La inflación repuntó al inicio de 2026 a niveles cercanos a 4.5%, con presión tanto del componente subyacente como del no subyacente. Al mismo tiempo, la intensificación del conflicto en Medio Oriente elevó la volatilidad financiera, presionó el tipo de cambio y empujó al alza las tasas de largo plazo. Bajo esas condiciones, el margen de mejora para la economía mexicana sigue siendo estrecho.

La conclusión que dejan los datos de abril es bastante clara: la economía no está en caída libre, pero tampoco ha encontrado un punto firme de recuperación. La manufactura mejoró y los servicios dejaron señales mezcladas, pero el conjunto todavía describe una economía estancada, con debilidad persistente y con riesgos a la baja para el resto del año.

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