La inflación en México dio en abril una señal mixta: el índice general se moderó en el margen, pero el alivio sigue siendo parcial y todavía poco amable con el bolsillo. El Índice Nacional de Precios al Consumidor aumentó 0.20% mensual y dejó la inflación anual en 4.45%, por debajo del registro previo de marzo, pero todavía claramente por encima del rango que daría una sensación real de estabilidad en los precios.
El dato mensual se sostuvo, en buena medida, por la baja de algunos energéticos y tarifas, pero la presión volvió a sentirse en alimentos frescos, vivienda y varios servicios cotidianos. La parte subyacente, que suele reflejar mejor la tendencia de fondo de la inflación, subió 0.31% mensual y se ubicó en 4.26% anual. Dentro de ella, tanto mercancías como servicios avanzaron 0.31% en el mes. Es decir, aunque la inflación general no lució desbordada, la parte más persistente del fenómeno sigue mostrando resistencia.
La parte no subyacente retrocedió 0.18% mensual, pero aun así se colocó en 5.08% anual, por encima del índice general. Dentro de este bloque, los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno bajaron 1.03% en abril, con un descenso de 2.12% en energéticos, ayudados por los ajustes estacionales en las tarifas eléctricas en 18 ciudades del país. Sin embargo, ese alivio convivió con un repunte de 3.47% en frutas y verduras, que ya muestran una variación anual de 21.43%. Ahí volvió a aparecer uno de los focos más incómodos del mes.
Los agropecuarios crecieron 0.86% mensual y 7.98% anual, aunque con una diferencia fuerte entre sus componentes. Las frutas y verduras siguieron disparadas, mientras los pecuarios cayeron 1.19% en el mes y se ubicaron en -1.05% anual. El problema, por tanto, no estuvo repartido de forma homogénea en los alimentos, sino muy concentrado en productos agrícolas específicos que siguen golpeando la canasta diaria.
Entre los productos con mayor presión al alza destacaron el jitomate, con un aumento mensual de 19.25% y una incidencia de 0.169 puntos; la vivienda propia, con 0.31%; el chile serrano, con 36.27%; la papa y otros tubérculos, con 12.23%; la gasolina de alto octanaje, con 6.16%; y las loncherías, fondas, torterías y taquerías, con 0.49%. Del lado contrario, ayudaron a contener el índice la electricidad, con -14.00%; el tomate verde, con -34.80%; el pollo, con -2.44%; y el huevo, con -3.48%.
El desglose por finalidades del consumo también ayuda a leer mejor el dato. En abril, alimentos y bebidas no alcohólicas subieron 0.55% mensual y 6.36% anual. Salud avanzó 0.59% y 5.25% anual. Transporte subió 0.68% mensual y 3.14% anual, mientras restaurantes y servicios de alojamiento aumentaron 0.31% y ya acumulan una variación anual de 6.89%. En contraste, vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles bajó 0.73% en el mes, aunque todavía sube 3.08% frente a abril del año pasado.
La canasta de consumo mínimo volvió a mandar una señal más dura que el promedio general. En abril aumentó 0.29% mensual y 4.63% anual, por encima del 4.45% de la inflación general. Eso significa que el consumo esencial siguió encareciéndose a un ritmo mayor que el promedio, una mala noticia para los hogares con menor margen de ingreso.
También hubo diferencias territoriales marcadas. Entre las entidades con mayores incrementos destacaron Durango y Jalisco, ambas con 0.73%, seguidas por Zacatecas con 0.64%, Chihuahua con 0.62% y Sinaloa con 0.59%. Del otro lado, las bajas más fuertes se registraron en Tabasco, con -1.74%, así como en Yucatán, Campeche, Coahuila y Quintana Roo, con variaciones negativas asociadas en buena parte al efecto de las tarifas eléctricas de temporada cálida.
La lectura final es clara: abril dejó una inflación menos pesada que en otros momentos recientes, pero no una inflación cómoda. El alivio vino sobre todo por electricidad y energéticos, mientras los alimentos frescos, la vivienda y varios servicios siguieron apretando. En otras palabras, la inflación se moderó en la estadística, pero todavía no lo suficiente en la vida diaria.



