24 de septiembre de 2026

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Moody’s recorta nota de México y lo deja al borde del límite

Moody’s bajó la calificación soberana de México a Baa3, el último escalón del grado de inversión, por debilidad fiscal y la carga persistente de Pemex.

Moody’s acaba de darle a México uno de esos golpes que no tiran de inmediato, pero sí dejan claro que el margen se agotó. La agencia rebajó la calificación soberana de largo plazo en moneda local y extranjera de Baa2 a Baa3 y, al mismo tiempo, cambió la perspectiva de negativa a estable. El movimiento mantiene al país dentro del grado de inversión, pero lo coloca en el peldaño más bajo de esa categoría dentro de la escala de Moody’s. Dicho sin rodeos: México quedó a un escalón de entrar en terreno especulativo.

La decisión no cayó del cielo. Moody’s atribuyó la rebaja a un debilitamiento persistente de la fortaleza fiscal del país, impulsado por una base de ingresos limitada y por la carga que sigue representando el apoyo gubernamental a Pemex. La firma también destacó que la susceptibilidad de México a choques fiscales ha aumentado y que el crecimiento seguirá siendo débil en el corto plazo, aun si más adelante la economía logra regresar gradualmente hacia una tendencia cercana a 2%. La señal de fondo es clara: para la calificadora, el problema ya no es solo coyuntural, sino estructural.

La parte más delicada del mensaje está en lo que revela sobre las finanzas públicas. Moody’s estima que los déficits del gobierno federal más la seguridad social se mantendrán por encima de 4% del PIB en 2026 y 2027, y que la deuda podría acercarse a 55% del PIB hacia 2028. Además, apuntó que el costo financiero ha subido con fuerza: la relación entre intereses e ingresos públicos ronda 17%, un nivel claramente superior al previo a la pandemia y también por encima de muchos soberanos con calificaciones similares. Cuando una agencia como Moody’s baja la nota no solo está diciendo que hay más deuda; está diciendo que la capacidad de absorber esa deuda sin deteriorar más el perfil crediticio ya es menor.

Pemex vuelve a aparecer en el centro del problema. Moody’s considera que el apoyo a la petrolera seguirá pesando sobre las cuentas públicas en ausencia de una mejora operativa material. Ese punto es crucial, porque convierte a la empresa en algo más que un pasivo reputacional o político: la vuelve un canal directo de presión sobre la nota soberana. La rebaja de México, en ese sentido, no puede leerse por separado de la fragilidad financiera de Pemex ni del hecho de que el gobierno ha seguido absorbiendo parte importante de su carga.

Ahora bien, el cambio de perspectiva a estable introduce un matiz importante. Moody’s no está diciendo que venga otra rebaja inmediata, sino que, tras este ajuste, espera que el deterioro fiscal adicional sea gradual y parcialmente compensado por la estabilidad macroeconómica del país, la capacidad de respuesta de política económica, el tamaño y la diversificación de la economía mexicana y su acceso privilegiado al mercado estadounidense. Es decir, la agencia recorta la nota porque ve más fragilidad, pero al mismo tiempo reconoce que México todavía conserva amortiguadores que evitan una lectura de crisis inminente.

Eso no vuelve menor el golpe. Estar en Baa3 significa que cualquier deterioro adicional en crecimiento, deuda, déficit o riesgo contingente ligado a Pemex podría abrir la puerta a perder el grado de inversión en Moody’s. Y aunque esa pérdida no haya ocurrido hoy, el simple hecho de llegar a este nivel cambia la conversación: el país ya no discute si tiene margen amplio para aguantar, sino cuánto margen real le queda. La diferencia es relevante porque una nota más baja tiende a elevar el costo de financiamiento futuro, estrecha el espacio de maniobra fiscal y obliga a mirar con más cuidado la reacción de inversionistas institucionales. Esa parte no es automática ni uniforme, pero sí forma parte del riesgo que empieza a cotizarse con más seriedad.

Además, la decisión de Moody’s no llega aislada. Apenas hace unos días, S&P cambió la perspectiva soberana de México a negativa por la combinación de bajo crecimiento, gasto rígido y presión fiscal derivada del apoyo a Pemex y CFE. S&P proyectó para 2026 un déficit de 4.8% del PIB y una deuda neta del gobierno general cercana a 54% del PIB hacia 2029. En paralelo, Fitch mantuvo en abril la nota de México en BBB- con perspectiva estable, que también corresponde al último escalón de grado de inversión en su propia escala. Visto en conjunto, el mapa ya no es cómodo: una agencia ya bajó la nota al último peldaño, otra tiene perspectiva negativa y una tercera ya está también en el borde inferior del grado de inversión.

El verdadero problema de esta rebaja no es solo financiero, sino económico. Moody’s está diciendo que México combina crecimiento insuficiente, anclas fiscales desgastadas y una empresa petrolera que sigue consumiendo espacio presupuestario. En ese contexto, prometer inversión, disciplina y estabilidad ya no alcanza por sí solo. Lo que el mercado va a pedir ahora son resultados: menos dependencia fiscal de Pemex, una trayectoria de deuda más creíble y una economía capaz de crecer algo más que a ras de piso. Porque cuando una calificadora te deja en el último escalón del grado de inversión, el mensaje es muy simple: todavía no te expulsan de la categoría, pero ya estás parado en la orilla.

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