México y Estados Unidos inauguran hoy en Washington la segunda ronda oficial de negociaciones bilaterales rumbo a la revisión conjunta del T-MEC, con la agricultura y las condiciones de competencia equitativa como temas centrales del encuentro, programado para los días 16 y 17 de junio.
La primera ronda, celebrada en la Ciudad de México a finales de mayo, se concentró en seguridad económica y reglas de origen para productos industriales clave. Esta segunda etapa amplía la agenda hacia el sector agroalimentario, que acumula décadas de integración productiva entre ambas economías y cuyo peso en el comercio bilateral es determinante.
Más del 75% de las exportaciones agroalimentarias mexicanas se dirigen a Estados Unidos, lo que hace del campo uno de los sectores más expuestos a cualquier ajuste arancelario o regulatorio que resulte del proceso. Al mismo tiempo, Estados Unidos arrastra un déficit comercial agrícola con México que alcanzó 18.4 miles de millones de dólares en 2024 y 13.2 miles de millones en 2025, lo que hace del tema una presión activa desde Washington.
La complementariedad entre ambas naciones es real: México exporta hortalizas, frutas tropicales y bebidas que el mercado estadounidense no puede producir en las mismas condiciones, mientras que importa de su vecino del norte granos básicos y proteína animal por 30.6 miles de millones de dólares al año, incluyendo maíz por 6.5 miles de millones.
Esto apunta a una negociación donde ninguna de las partes puede prescindir de la otra, pero donde los intereses no siempre convergen. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha señalado que la agricultura ocupará un lugar central en las rondas de revisión y ha subrayado la fuerte complementariedad comercial que ambos países mantienen en productos agroalimentarios. Desde el lado mexicano, la SADER ha planteado que cualquier medida restrictiva deberá sustentarse en evidencia científica y técnica, en respuesta a presiones estadounidenses sobre productos como el jitomate.
Para los productores mexicanos, los resultados de estas conversaciones definirán las condiciones de acceso al mercado más grande de sus exportaciones. Empresarios del sector agroalimentario han alertado sobre la posibilidad de que el gobierno estadounidense imponga restricciones a la importación de hortalizas y frutas mexicanas, lo que presionaría cadenas productivas que emplean a millones de jornaleros y pequeñas empresas en estados como Sinaloa, Sonora y Baja California.
La tercera ronda está programada para la semana del 20 de julio en la Ciudad de México, orientada al cierre de puntos pendientes antes de la revisión conjunta formal del T-MEC. Lo que ocurra en Washington esta semana marcará el tono de esa etapa final.



