22 de abril de 2024 6:39 pm
OPINIÓN

Lo que sí compartimos

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MIchelle Bermúdez Betancourt

La regla estructural de la gran mayoría de escritos, o por lo menos aquella que mis columnas han adoptado con gran cotidianidad, dicta que la introducción debería de ser quien se encuentre primero con el lector; sin embargo, en esta ocasión, he decidido comenzar por la conclusión. Tú y yo podemos tener opiniones distintas, tú y yo podemos haber experimentado vidas y retos distintos, tú y yo podemos tener inclinaciones y creencias políticas, económicas y/o religiosas, no solo distintas, sino contrarias; sin embargo, tú, al igual que yo, muy probablemente, quieres y crees en un México mejor, con instituciones fortalecidas, gobernado por la verdadera justicia y el Estado de Derecho; quieres un México libre, que refleje su grandeza en su máximo esplendor y que manifieste, sin temor, su completo potencial.

Estoy segura de que, eres una persona que no es indiferente ante la situación de pobreza y desigualdad que agobia nuestra realidad. Aquellos que parecen desinteresados ante el tema, no pueden estar más que dormidos, engañados y embriagados por una realidad que nos ha hecho creer que es normal que haya niños y niñas en la calle trabajando, pidiendo comida o dinero. El hecho de que hayamos crecido y vivido, durante años, observando y siendo parte de una realidad tan desafortunada, no quiere decir que sea inevitable o eterna, sino que, por el contrario, esta nos demuestra lo mucho que hemos fallado en exigirle a nuestros gobiernos que tomen decisiones integrales y dirigidas al verdadero bienestar de nuestro país. Incapaz, muchas veces, de observar más allá de lo que se ve, la vida política se ha permitido, y nosotros con ella, ser parte de un juego de ideologías que, si bien en ocasiones ha dado frutos positivos, hoy nos tiene sumergidos en una realidad de choque que desvía nuestra atención de las prioridades, sociales y económicas, que debiesen pertenecer a nuestro gobierno y ciudadanía.

Retomemos, entonces, un par de datos; en el tercer trimestre del 2022, según datos del CONEVAL, el 40.1% de la población tenía ingresos menores al valor monetario de la canasta alimentaria, por otra parte, datos del CONEVAL del 2020 señalaron que, uno de cada dos niños, niñas o adolescentes viven en condiciones de pobreza. Simplemente, no me alcanzan las palabras para describir y explicar tan desafortunada realidad. Me temo, no sin profundo dolor, que no es la primera vez que plasmo este tipo de cifras en alguna de mis columnas y, para ser honesta, estoy segura de que esta vez, dadas las políticas públicas implementadas o, mejor dicho, no implementadas, no está ni cerca de ser la última vez que lo hago.

Definitivamente, una de las características que más debemos de apreciar de la democracia es la libertad y gran diversidad de ideas de la que se conforma. Sería un error por parte de cualquiera de nosotros aspirar, o tan solo pensar, que puede existir una realidad en la que todos y todas compartamos la misma ideología y pensamiento. Eso no solo resultaría en un desastre total, sino también, en el más grande de los errores que podríamos cometer. La política no se trata de hacer que todo el mundo piense igual, sino de lograr que todo el mundo tenga las mismas oportunidades para expresar, siempre con respeto, tan diversos pensamientos. Al final, es nuestra responsabilidad, como ciudadanía, preservar, aprovechar y explotar dicha diversidad, siempre, con la finalidad de construir acuerdos y dirigirnos hacia un mañana mejor que el anterior.

A estas alturas del partido, deberíamos de tener bastante claro, como ya he mencionado en otras ocasiones, que esto no se trata de estar con o en contra del gobierno, puesto que somos más que eso. Es momento de que nos preguntemos si vamos a continuar utilizando nuestra libertad de expresión para enemistarnos con argumentos ideológicos que no son más que temporales, o, si seguiremos el camino obligado de dialogar y construir para modificar no las cifras, sino el destino de todas esas vidas que hoy viven en abandono político y desprotegidas económicamente. Es momento de que centremos nuestra atención en lo que verdaderamente importa y dejemos de conformarnos con soluciones pequeñas a grandes problemas; este país se merece resultados, se merece un cambio, se merece nuestro cambio.

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