Este domingo pasado fue 10 de mayo y en México celebramos el dia de la madre. Es un día donde toda la familia festeja a la mamá con alegría y generosidad agradeciéndole su amor, cuidado y dedicación hacia su familia. Es un día muy emotivo ya que las fibras más íntimas de nuestro sentir se mueven ante la presencia materna o el recuerdo de las mamás que ya no están con nosotros.
La figura de la madre es tan importante en este país que muchas de nuestras expresiones idiomáticas utilizan esta palabra. Así tenemos una variedad de frases como:
“Está a toda madre” expresa que el evento o la circunstancia está muy bonito, muy a gusto hasta excelso.
“No tiene madre” es el calificativo para una persona que actúa con poca vergüenza, cínicamente o de manera reprochable.
“Chin… tu madre” Es un insulto donde lo que se desea es que se fastidie a la madre, es descargar el enojo hacia el actor de la circunstancia que nos afectó o enojó.
“Mamacita” es una manera de decirle a una mujer que está muy guapa, cada vez más en desuso ya que puede ser ofensivo decírselo a una chica desconocida.
“Esta madre” utilizado peyorativamente para nombrar objetos.
Dado lo anterior, no podemos negar la importancia de la madre en la cultura mexicana, de la admiración, amor y reconocimiento que le tenemos, entonces me pregunto: ¿Si la madre siempre es una mujer, entonces por qué tenemos 11 asesinatos de mujeres diarios en este país? ¿qué estamos haciendo mal?
Y aquí es donde creo que las madres tenemos un punto importante de responsabilidad. Las madres somos las que educamos a nuestros hijos (hombres y mujeres). Somos las que formamos su criterio a través de los valores, las costumbres y los hábitos que promovemos en casa. Somos, o deberíamos ser las que corregimos comportamientos que no son aceptables. Pero es aquí donde fallamos: en la mayoría de los casos, educamos diferente a los niños que a las niñas. Muchas veces ponemos a las hermanas a servir a los hermanos, en lugar de darles trato parejo. Solemos ser más permisivas con los hijos, con justificaciones a actitudes incorrectas y que no toleramos en nuestras hijas. Los apapachamos en demasía. Los convertimos en lo que muchas veces criticamos: en machos.
Es por esto que hago un llamado a todas las mujeres a concientizarnos de la importancia de nuestra labor de educadoras. El formar machos nos hace daño a las mujeres. Los machos suelen maltratar a las mujeres, ser abusivos de ellas y pueden llegar en un ataque de ira hasta quitarles la vida.
Es un cambio cultural muy necesario en nuestro país. Enseñarles a los niños a ayudar y realizar tareas domésticas, el que entiendan que hombres y mujeres tenemos las mismas capacidades, que a la mujer se le respeta siempre y valorar su labor es indispensable para cambiar esta dinámica tan triste de feminicidios.
Yo deseo que sigamos festejando y amando a nuestras madres todos los días, no sólo el 10 de mayo y que jamás olvidemos que todos los humanos de este planeta provenimos de una mujer que decidió darnos la oportunidad de vivir. Valorémoslas siempre. ¡Feliz día de la Madre!







