El sistema bancario comercial que opera en el país cerró la primera mitad del ejercicio 2026 con un reajuste estratégico en sus políticas de riesgo y evaluación de clientes. Ante el endurecimiento de los parámetros de supervisión y el monitoreo de flujos de capital en el mercado de crédito, las instituciones financieras implementaron criterios diferenciados para el otorgamiento de financiamiento y la renovación de líneas de capital de trabajo durante el trimestre de abril a junio.
El reajuste en los estándares bancarios impactó de manera directa el acceso a recursos líquidos para los intermediarios financieros no bancarios, así como para las corporaciones de menor tamaño. Las instituciones de menor cuota de mercado aplicaron un estrechamiento formal en las condiciones de aprobación de crédito para grandes empresas e intermediarios no bancarios, elevando los requerimientos de colaterales y la revisión de expedientes para mitigar riesgos operativos e imprevistos de morosidad.
Estrategia de asignación y métricas de riesgo
La reconfiguración de la oferta de crédito por parte de la banca comercial se reflejó en las siguientes condiciones de mercado y parámetros de control:
- Mantenimiento de estándares restrictivos para intermediarios financieros no bancarios por parte de bancos secundarios.
- Aplicación de mayores filtros y estrechamiento de condiciones en créditos de nómina por la gran banca.
- Relajamiento selectivo en productos con garantía real, como el crédito hipotecario, ante una menor percepción de pérdida.
- Reducción sistemática en los costos de captación para la totalidad de los operadores del sistema financiero.
- Incremento en la posición de liquidez y en los niveles de capitalización de los bancos con mayor participación.
- Expectativa de deterioro moderado en la calidad de la cartera de consumo y PyMEs para un tercio de la gran banca.
El endurecimiento en la verificación de perfiles crediticios busca blindar el balance de las instituciones frente a volatilidades en el pago de obligaciones. La estrategia prioriza la colocación de financiamiento en segmentos garantizados sobre el crédito al consumo sin garantía específica.
Lectura financiera e impacto en el mercado
Para las empresas emisoras y los solicitantes de crédito, la postura de la banca implica mayores costos de gestión y plazos más extensos para la autorización de pasivos. Los intermediarios financieros no bancarios enfrentan un entorno de liquidez más costoso, lo que limita su capacidad para fondear operaciones de segundo piso o expandir sus carteras de préstamo. Esta restricción busca evitar el contagio de riesgos de cartera vencida desde entidades no reguladas hacia el sistema de banca múltiple.
La diversificación en las políticas crediticias muestra que la gran banca utiliza su holgura de capital para competir en el segmento corporativo de alto valor y en el mercado hipotecario. Sin embargo, la cautela observada en los préstamos de nómina y en el crédito a pequeñas y medianas empresas refleja que los departamentos de riesgo mantienen reservas ante el comportamiento del empleo formal y la capacidad de pago de las familias.
Consecuencias para clientes y el sistema
Las medidas de control adoptadas por los bancos condicionan la dinámica de financiamiento para el segundo semestre de 2026. Los clientes corporativos deberán presentar estructuras de garantías más robustas y demostrar la trazabilidad de sus flujos operativos para acceder a renovaciones de líneas de crédito. Para los consumidores, el acceso al crédito se mantendrá abierto en plásticos y vivienda, pero restringido en préstamos personales y de nómina. A nivel sistémico, el aumento en los niveles de capitalización garantiza la estabilidad de la banca, aunque la disciplina en el filtro crediticio limita el ritmo de expansión del financiamiento privado en la economía nacional



