El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, aseguró que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) continuará vigente durante la próxima década, aunque reconoció que el acuerdo enfrentó riesgos durante el primer semestre de 2026. Tras comparecer ante el Senado, el funcionario sostuvo que ese escenario quedó superado y que el tratado estará sujeto a revisiones anuales. La continuidad del acuerdo, sin embargo, no resuelve la disputa comercial que México mantiene con Washington por los aranceles a automóviles, acero y aluminio.
El Gobierno mexicano busca reducir esos gravámenes para mejorar las condiciones de acceso de sus exportaciones al mercado estadounidense. Ebrard expresó su expectativa de que la revisión avance antes de concluir el año, con el propósito de dar mayor certidumbre a las empresas que operan en ambos lados de la frontera.
La permanencia del T-MEC y la reducción de aranceles son asuntos distintos. El tratado establece reglas para el comercio regional, pero no elimina automáticamente todas las medidas comerciales que Estados Unidos aplica a determinados productos. Por ello, aunque México conserve las ventajas de operar bajo el acuerdo, varias industrias siguen expuestas a costos adicionales.
La negociación sigue abierta en sectores clave
Durante su comparecencia, Ebrard sostuvo que México mantiene una posición favorable frente a otros países que exportan a Estados Unidos. Según las cifras presentadas por el funcionario, la tasa arancelaria efectiva para México ronda entre 3 y 3.2 por ciento, frente a 22 por ciento para China. El promedio, sin embargo, no significa que todos los productos mexicanos estén exentos.
La industria automotriz ocupa un lugar central en las conversaciones por la integración de plantas, proveedores y cadenas de suministro entre los dos países. El acero y el aluminio también son insumos relevantes para la fabricación de vehículos, maquinaria y materiales de construcción. Los gravámenes sobre estos productos pueden elevar costos y complicar decisiones de inversión.
México busca que Washington reduzca esas medidas y sostiene que las conversaciones continúan. Sin embargo, todavía existen diferencias sobre el alcance de los alivios y las condiciones de cualquier acuerdo. Las declaraciones de disposición al diálogo deberán traducirse en compromisos concretos que especifiquen los productos incluidos, las tasas aplicables y las fechas de entrada en vigor.
Ebrard afirmó además que las exportaciones mexicanas mantienen dinamismo y que los indicadores del tercer trimestre apuntan a un crecimiento económico mayor al previsto. El desempeño exportador también depende de la demanda estadounidense, los precios y el tipo de cambio. Por ello, las cifras de ventas al exterior deben analizarse junto con los costos que enfrentan las empresas y las condiciones particulares de cada industria.
La certidumbre dependerá de resultados verificables
Las revisiones anuales permitirán a los tres socios evaluar el funcionamiento del T-MEC y discutir diferencias. Sin embargo, no garantizan que cada revisión concluya con acuerdos ni que los gravámenes se eliminen. México necesita precisar qué sectores podrían obtener reducciones y qué condiciones deberán cumplir las empresas para beneficiarse.
Para los exportadores, el resultado se reflejará en costos y previsibilidad. Una rebaja arancelaria puede modificar márgenes, precios y decisiones de inversión; la falta de avances prolonga la incertidumbre sobre el acceso al principal mercado de exportación mexicano. El impacto dependerá del producto, su contenido regional, la estructura de costos y las reglas que finalmente se acuerden.
El sector privado necesita señales claras para ajustar presupuestos, contratos de suministro y planes de expansión en el mercado norteamericano. En este contexto, el Senado puede solicitar a la Secretaría de Economía información sobre los objetivos de la negociación, los plazos previstos y los avances alcanzados.
La continuidad del T-MEC ofrece un marco para mantener el comercio regional, pero no resuelve por sí sola las diferencias arancelarias. México todavía necesita conseguir reducciones para automóviles, acero y aluminio y conocer sus condiciones de aplicación. El resultado se medirá por cambios efectivos en los gravámenes, reglas previsibles y evidencia de que las empresas pueden planear sus operaciones con menor incertidumbre.



