27 de febrero de 2024 3:01 am
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OPINIÓN

El Osario de Sedlec

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Cecilia González Michalak

Es común que muchos templos cristianos tengan difuntos enterrados en sus inmediaciones. Esta práctica empezó en el siglo XIII, cuando familias adineradas pedían inhumar los restos de sus parientes en una capilla o debajo del suelo de la iglesia buscando obtener beneficios espirituales dados gracias a la cercanía a los restos de los mártires y los santos. Por cuestiones de salud pública, a partir del siglo XIX, esta costumbre fue revocada.

Según el Derecho Canónico, la Iglesia Católica prefiere que los finados sean enterrados en el camposanto –muchas veces ubicado alrededor del edificio parroquial–. La razón se debe a seguir la tradición que expresa la fe y la esperanza en la resurrección corporal en el día del Juicio Final, como cuando Cristo fue sepultado resucitando de entre los muertos al tercer día. De igual forma, se cree que esta es la forma más piadosa, respetuosa de venerar a los difuntos.

Aunque la cremación no está prohibida, no es muy aconsejada debido a que puede haber “malos entendidos panteístas, naturalistas o nihilistas”. Lo que sugieren es que las cenizas se depositen en una cripta para ser visitadas y honradas, y que no se dispersen en el aire, en la tierra, en el agua, o en Disneylandia, ni que se hagan fuegos artificiales o diamantes con ellas.

Iglesia y cementerio de Sedlec. (Fuente de la imagen: Una vida de viajero)

Según los tres casos anteriores, de ninguna forma, los restos humanos estarían expuestos al público, tanto para evitar contaminaciones y el morbo. Pero, en una pequeña iglesia en Sedlec, un suburbio de Kutná Hora en la República Checa, alrededor de 40 mil esqueletos humanos forman parte del mobiliario y de la decoración de las naves. Si un adulto tiene 206 huesos, esto quiere decir que alrededor de 8 millones 240 mil huesos fueron utilizados como ornato.

La popularidad de este templo asciende al año de 1278, cuando el rey Ottokar II de Bohemia envió al abad del monasterio cistersense a Tierra Santa. Como muestra de cariño a su parroquia, trajo tierra del Gólgota –el lugar de la calavera, donde crucificaron a Jesús–, y la rocío en el cementerio para bendecirlo. Este acto llamó la atención de toda Europa Central, convirtiéndolo en un lugar donde la gente, aunque no fuera de Sedlec, quería ser enterrada. 

Detalle del Osario. (Fuente de la imagen: Wikipedia)

El panteón se llenó primero por las víctimas de la peste negra, y después por los caídos de las Cruzadas. En el año 1400 se construyó una iglesia gótica en el centro del cementerio de la abadía, creando en el sótano de ésta un osario para todas las tumbas que fueron abiertas y desplazadas durante la construcción. Posteriormente, entre 1703 y 1710, se remodeló la capilla con un estilo barroco. Bajo la dirección de Jan Santini Aichel, se  edificó una nueva entrada para apoyar la pared delantera y evitar así que ésta se venciera.

La lámpara de araña, la pieza más importante del complejo del Osario. (Fuente de la imagen: Destino Chequia)

En 1870, la familia Schwarzenberg, una de las familias importantes de Franconia y Bohemia y encargados de la capilla, contrataron al ebanista František Rint para ordenar el osario. El artista empezó por desinfectar, blanquear con cal clorada y tallar los huesos, para luego acomodarlos y usarlos para crear cálices, cruces, custodias, guirnaldas, el escudo y árbol genealógico de los Schwarzenberg, y la pièce de résistance: una enorme lámpara de araña, que contiene al menos una unidad de cada hueso que forma el cuerpo humano.

Escudo de la familia Schwarzenberg. (Fuente de la imagen: National Geographic)

El término “barroco” proviene de un vocablo de origen portugués barrôco, adjetivo que denominaba a las perlas que tenían formas irregulares. En cuestiones artísticas, fue primero usado despectivamente por su abundancia en ornamentación para buscar un efecto de fatalidad y dramatismo. Posteriormente, fue revalorizado por sus características de lo transitorio dentro de una estética teatral, el dinamismo de sus figuras, y el contraste entre luz y oscuridad del claroscuro. 

Cálices y cruz hechos de huesos. (Fuente de la imagen: Metalgalamoth)

Uno de los temas preferidos del barroco era la fugacidad de la vida que eran representados por la frase latina memento mori, “recuerda que morirás”. Rint entendió la asignatura al pie de la letra, creando un espacio que obliga a todo el que entre a la capilla a tener presente que un día la muerte le llegará. El público, por semejante espectáculo, se divide entre los que sienten paz y los que sienten ansiedad.

Vista del Osario. (Fuente de la imagen: National Geographic)

Actualmente, Kutná Hora, debido a su famoso osario, es la segunda ciudad más visitada en la República Checa después de Praga. Para que los huesos sigan siendo blancos y no se deterioren, un conservador especializado los limpia frecuentemente uno a uno con un cepillo de dientes. 

Firma del artista. (Fuente de la imagen: Las mil millas)

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