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23 de septiembre de 2021

A la deriva…

...los secretarios de estado no han sido otra cosa que floreros adornando las fotografías oficiales...
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Desde aquel primer día de la actual administración, han pasado ya varios meses y luego de poder observar la gran algarabía que se desató por los acuerdos alcanzados en Washington, por el equipo de negociación encabezado por el Canciller Ebrard, me viene a la mente ¿Por qué no se menciona también como triunfador a los otros dos secretarios que asistieron?, me refiero por supuesto a la Secretaria de Economía y al Secretario de Agricultura.

La respuesta es muy sencilla, desde el comienzo de la tan cacareada 4T los secretarios de estado no han sido otra cosa que floreros adornando las fotografías oficiales, ninguno de los 19 integrantes del gabinete de López Obrador ha logrado cumplir de forma cabal con su encargo, al contrario, solamente se observa sumisión, miedo y falta de conocimiento en sus actuares.


Si comparamos la actuación de los cercanos al presidente en sexenios anteriores, nos vamos a dar cuenta de un estilo totalmente distinto y no solo hablo del gobierno del Peña Nieto, hablo de los gobiernos de panistas también, la función del secretario de estado es encargarse del despacho, seguimiento y atención de temas especializados, buscando un consenso con los involucrados y permitiendo que las líneas de acción planteadas por el presidente de la república en su visión de gobierno puedan ser ejecutadas a la perfección, el problema aquí es que es el mismo presidente quien no deja actuar a sus subordinados y más aún, estos han decidido quedarse en la sombra gris que se ve al fondo del despacho presidencial porque ciertamente es más cómodo.


Ya hubo un cambio en el equipo que inició hace tan solo unos meses, bajo la excusa de aceptar una equivocación y buscar el bien del país, o será acaso que es preferible como dicen coloquialmente: “más vale aquí corrió, que aquí quedó”, no lo sabemos a ciencia cierta, pero lo que sí se puede saber por qué es más que visible es que la actuación de los secretarios de estado es de risa y una gran obra de teatro, que además está mal interpretada.

México ha tenido grandes secretarios de estado  cuya decisión y temple debería ser ejemplo para los actuales, pongo por ejemplo a José Ángel Gurría ya desde hace años director de la OCDE, Francisco Gil Díaz actual miembro del consejo de Telefónica, Agustín Carstens gerente general del banco de pagos, José Antonio Meade consejero internacional en HSBC, todos ellos fueron secretarios de hacienda y no están en sus puestos actuales, por quedarse quietos y a la espera de la instrucción presidencial, pero no solo tenemos esos ejemplos, también podría citar al ex secretario de Salud del Gobierno de Felipe Calderón, Julio Frenk, actualmente miembro importante del OMS, lugar ganado luego del excelente manejo de la crisis de influenza en nuestro país.

Aquí el problema tal vez no sean ellos, el problema es su jefe, que en ese afán de buscar reflectores no hace otra cosa que evitar cumplan con su trabajo, pero sobre todo evitar que nuestro país tenga un rumbo claro, porque ni siquiera el que tiene el timón en la mano sabe para dónde quiere ir.

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