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8 de diciembre de 2021
El respaldo de López Obrador a los regímenes venezolano y cubano, que utilizan el aparato gubernamental para reprimir severamente a sus ciudadanos, fue visto por todo el mundo y, en la cumbre, condenado directa y diplomáticamente por algunos mandatarios...
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Niels Rosas Valdez

El sábado pasado se celebró una nueva cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) en Palacio Nacional, al ser México quien ostenta la presidencia pro témpore de esta colaboración regional. Varias controversias se suscitaron en el evento, e incluso antes, lo que provocó un impacto significativo en su desarrollo. ¿Cómo puede leerse lo acontecido y qué impacto internacional presenta?

Grandes expectativas tenía el Gobierno de México en torno a los posibles resultados de la cumbre de la CELAC. A pesar de los acuerdos finales a los que se llegaron, entre ellos, la creación de un fondo para desastres naturales y efectos del cambio climático, y el apoyo para el acceso y repartición de las vacunas, la atención de la audiencia se depositó en otras situaciones.

Ejemplos son las declaraciones de varios mandatarios contra regímenes opresores en Latinoamérica, la ausencia del líder argentino, la posibilidad de abandonar la Organización de Estados Americanos (OEA) y el sorpresivo arribo de Nicolás Maduro con su posterior reto inverosímil e intrépido hacia otros presidentes acerca de debatir sobre democracia.

En este contexto, el discurso de Andrés Manuel López Obrador es imponente en México, al final de cuentas él es el presidente y usa su megáfono cada día en las mañanas, declarando quiénes son los buenos y quiénes los malos, o qué políticas hay que apremiar y qué otras desechar sin diálogo, y qué prácticas son buenas y qué otras no lo son. Pero en la cumbre de la CELAC, este discurso golpeó la realidad, sobre todo con las participaciones de los presidentes de Ecuador, Paraguay y Uruguay.

El respaldo de López Obrador a los regímenes venezolano y cubano, que utilizan el aparato gubernamental para reprimir severamente a sus ciudadanos, fue visto por todo el mundo y, en la cumbre, condenado directa y diplomáticamente por algunos mandatarios. Esto impidió que el presidente mexicano lograra utilizar la CELAC para generar un consenso latinoamericano en el apoyo a Maduro y Miguel Díaz-Canell contra la opinión de la comunidad internacional en torno a los gobiernos mencionados.

En otro plano, ante la falta de apoyo, seguramente identificado antes de la cumbre, la propuesta reiterada en las pasadas semanas de López Obrador de abandonar la OEA se diluyó significativamente, cambiándose a revisar la pertinencia de realizar modificaciones a la Organización.

Una tercera intención de México con esta cumbre era la de ascender en su liderazgo latinoamericano. En esto hay argumentos divididos. Se podrá decir que sí se consolidó el apoyo y seguimiento de muchos países y mandatarios, sobre todo de quienes encuentran en el discurso de López Obrador un paraguas de protección y legitimación de sus acciones en casa.

Pero lo cierto es que para ser un líder en América Latina hay que contar también con el respaldo de sus países mejor posicionados, como Colombia, Argentina y, sobre todo, Brasil. Si no se obtiene este apoyo total, en términos realistas, difícilmente se podrá portar ese gafete ante la comunidad internacional para fungir como el representante y negociador total de la región ante el globo, y, en especial, Estados Unidos de América, que puede ser ciertamente la intención de López Obrador.

En cualquier caso, si bien se generó un comunicado en conjunto en la CELAC y se registró una cumbre entre países latinoamericanos, los objetivos de López Obrador no se consiguieron y en cambio esa “rebelión” encabezada por México fue claramente identificada, apuntada y archivada por Washington. México podrá proyectarse interesantemente en el mundo con su política de cooperación, solución pacífica de controversias y ayuda humanitaria, pero la Casa Blanca comprende que aún no tiene el músculo para liderar completamente la región latina, por lo que la amenaza es reducida, pero el culatazo de la CELAC ya se sintió.

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