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8 de diciembre de 2021

La inflación ¿académica?

...En el caso de los millennials, se nos enseñó que tener educación universitaria era sinónimo de éxito profesional y una carrera estable. Sin embargo, el incremento en el acceso a la educación ha generado un importante aumento en competitividad laboral a nivel global...
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Rodrigo Saval Pasquel

Desde hace varias décadas, la educación se ha convertido en uno de los principales indicadores que permiten medir el desarrollo de un país y su gente. Legalmente hablando, la ONU considera a la educación un Derecho Humano Universal, y complementariamente en el caso específico de México, el artículo tercero de la Constitución Política consagra a la misma como una obligación.

Existen miles de estudios académicos sobre los beneficios que la educación puede traernos a las personas a nivel personal, colectivo, nacional, e incluso  global. Es por eso que múltiples países han invertido varias décadas y recursos en perfeccionar sus sistemas educativos, y en volverlos más accesibles para toda su población.

Con información del Banco Mundial, se estima que a nivel global en 1970, el 9.7% de la población contaba con educación terciaria, es decir, algún tipo de educación universitaria. En 1989, el porcentaje era de 13.4%. En 2019, 30 años después, el total de población con educación terciaria era de 38.8%[1], y hoy en día la tendencia va a la alza.

Aunque lo anterior es una excelente noticia, también representa un enorme reto, especialmente en lo salarial para las y los jóvenes, y las generaciones por venir. En el caso de los millennials, se nos enseñó que tener educación universitaria era sinónimo de éxito profesional y una carrera estable. Sin embargo, el incremento en el acceso a la educación ha generado un importante aumento en competitividad laboral a nivel global, y en el caso de los países desarrollados, lo que se conoce como “inflación académica”.

¿Qué es la inflación académica? Como mencionan Hayley Hesseln y Dave Jackson[2], la educación universitaria se ha convertido en un bien de consumo. Esto ha llevado a que las universidades cambien el método de entrega de la misma, afectando a la calidad y cantidad de oferta del bien, así como el precio, y por ende, el valor de un título universitario.

También es importante mencionar que la inflación académica ha llevado a una sobreoferta de mano de obra “calificada”, por lo que naturalmente, las empresas se han visto en la posibilidad de exigir mayores cualificaciones para trabajos poco complejos, y han podido disminuir los beneficios laborales y salarios, que al ser comparados con las prestaciones promedio que tenían los baby boomers cuando se embarcaron por primera vez al mercado laboral (tomando en cuenta la inflación y costo de vida), representan niveles actualmente insuficientes para lograr el estándar de vida al cual estaban acostumbradas las generaciones anteriores.

En el caso de la Unión Europea, en 1970, el promedio de población con educación terciaria era poco menor a 20%. En 2019 era de 70.9%[3]. Es por eso que en lugares como Inglaterra o Francia, ya es común encontrarse a personas con licenciatura ganando el salario mínimo en lugares de comida rápida, o incluso gente con maestría aceptando pasantías sin paga con tal de conseguir experiencia laboral que a la larga les asegure un empleo remunerado.

En 2018, el porcentaje de población con educación terciaria en México era de 41.5%[4], por lo que todavía no es tan común encontrarse con escenarios similares a los de la Unión Europea. Pero vale la pena aclarar que la tendencia apunta a que el problema está más cerca de lo que creemos, y el ignorar este fenómeno en nuestro país no nos protegerá de sus efectos, sino que sólo empeorará las consecuencias.

Es por eso que todos los niveles de gobierno de nuestro país, de la mano con el sector académico, deben comenzar a idear estrategias para contrarrestarlo antes de que sea demasiado tarde. A pesar de todo, la labor de lograr que la educación de calidad sea accesible para toda la población no puede ni debe parar. Y si queremos mejorar la calidad de vida de las y los jóvenes en un futuro, los mercados laborales se deben de rediseñar.

REFERENCIAS

Hesseln, H. y Jackson, D.. (2000). Academic Inflation: The devaluation of a University Degree. En Proceedings of the Third Biennial Conference on University Education in Natural Resources (114-127). Missouri: University of Missouri-Columbia. UNESCO Institute for Statistics. (2021). School enrollment, tertiary (% gross). 11 de octubre de 2021, de The World Bank. Sitio web: https://data.worldbank.org/indicator/SE.TER.ENRR?end=2020&start=1970&view=chart


[1] UNESCO Institute for Statistics. (2021). School enrollment, tertiary (% gross). 11 de octubre de 2021, de The World Bank. Sitio web: https://data.worldbank.org/indicator/SE.TER.ENRR?end=2020&start=1970&view=chart

[2] Hesseln, H. y Jackson, D.. (2000). Academic Inflation: The devaluation of a University Degree. En Proceedings of the Third Biennial Conference on University Education in Natural Resources (114-127). Missouri: University of Missouri-Columbia.

[3] UNESCO Institute for Statistics. (2021). School enrollment, tertiary (% gross). 11 de octubre de 2021, de The World Bank. Sitio web: https://data.worldbank.org/indicator/SE.TER.ENRR?end=2020&start=1970&view=chart

[4] Ibídem

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