22 de abril de 2024 7:55 pm
OPINIÓN

Están de regreso

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Por Jaime Tbeili Benpalti


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El 6 de enero de 2021, después del ataque al capitolio de los Estados Unidos por parte de los seguidores de quién entonces se desempeñaba como presidente, genuinamente creí que sería lo último que sabríamos de él. De todo corazón pensé que ese oscuro evento en la historia de nuestro vecino del norte terminaría por hundir cualquier aspiración política que ese hombre pudiera tener.

Claramente, me equivoqué.

Ayer los resultados de la elección primaria de los republicanos en Iowa lo favorecieron de manera significativa. Obtuvo el 51% de los votos mientras que Ron DeSantis, que quedó en segundo lugar, obtuvo apenas un 21%.

Vale la pena hacer una pausa para explicar que significa esto. En Estados Unidos para ganar la candidatura presidencial por parte de un partido, los precandidatos compiten en varias elecciones primarias para tratar de conseguir el apoyo de sus delegados. Quién consigue un 50% o más de los delegados, es el candidato.

Iowa es la primera parada para los republicanos, pero está lejos de ser la más importante. En Iowa se disputan 40 delegados, de un total de 2,429 a lo largo del país. El proceso demócrata es similar, pero su total de delegados asciende a 3,936. Todo esto, cabe aclarar, es una enorme simplificación. El proceso es bastante más complicado que eso, pero como marco general, es suficiente.

Para un precandidato republicano, ganar Iowa no necesariamente se traduce en asegurar la candidatura. Quien finalmente recibió la nominación republicana en 2016 no ganó Iowa ese año. De hecho, recibió únicamente 7 delegados ese año y estuvo más cerca del tercer lugar que del primero. Por otro lado, una victoria en Iowa sin duda es un gran impulso y una muy buena forma de arrancar una campaña.

Lo preocupante en este caso son los márgenes. En 2016 la distancia entre el primer y segundo lugar era del 3%. Este año es diez veces mayor. Si bien ganar Iowa no asegura nada, ganar Iowa por una diferencia tan significativa sí parece dar un indicativo de como se va a desarrollar el resto del proceso electoral.

Es decir, pareciera que el partido republicano, una institución que ha aportado tanto a los Estados Unidos, con una historia tan profunda y que en elecciones pasadas representaba el patriotismo y la dignidad del Estado, va a volver a postular a un hombre acusado de numerosos escándalos sexuales, políticos y económicos.

El nativo de Nueva York estuvo a punto de ser destituido hace apenas cuatro años y ahora su partido le está dando otra oportunidad. Enfrenta cargos por temas que van desde insurrección hasta abuso, pasando por retirar documentos clasificados de la Casa Blanca y llevárselos a su residencia privada después de su presidencia.

No quiero ni mencionar su nombre. No quiero hacerle más publicidad. Me parece que es el ejemplo perfecto del populista moderno y ha normalizado la política del odio al grado de que sus posturas se internacionalizaron, dañando tejidos sociales en Estados Unidos, Latinoamérica, Europa, Medio Oriente y Asia.

Y mientras tanto en el otro partido, Joe Biden (el abuelito de todos), parece ser el único precandidato posicionado para tomar la nominación demócrata. Así que sí, posiblemente volveremos a ver a dos viejitos discutiendo por ver quién será el nuevo presidente más viejo en la historia de los Estados Unidos.

¿No hay una alternativa a estos dos? ¿En un país de más de 330 millones de personas, lo mejor que se pudo conseguir para liderar el llamado “mundo libre” fue un casi criminal y una persona que nació durante la segunda guerra mundial y que pasó sus cuatro años de presidente casi desaparecido?

Me hacen extrañar a Obama y Romney.

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